INTERNATIONAL NEWS: Polish writer who turned reportage into literature
By Stefan Wagstyl and Michael Holman, Financial Times
Published: Jan 25, 2007
Ryszard Kapuscinski, the celebrated Polish journalist who earned a worldwide reputation for his reports from Africa, Asia and Latin America, has died at the age of 74.
Polish and non-Polish journalists alike acknowledged that nobody captured the mood of the developing world, especially of post-colonial Africa, better than Kapuscinski, who died in Warsaw on Tuesday after a long illness.
Whether pricking the pretensions of the court of Ethiopia's emperor Haile Selassie, or turning the spectacle of the decaying Angolan city of Luanda into a metaphor for the continent, he brought a new dimension to journalism, combining shrewd observation with sympathetic insights. Together with fine writing, albeit sometimes idiosyncratic, these qualities "raised his reportage to the status of literature", as long-time admirer Michael Ignatieff put it. He was nominated many times for the Nobel literature prize, but the call from Stockholm never came.
His best-known works are The Emperor, the story of the fall of Ethiopia's Haile Selassie, told from inside the court and published in 1978, Shah of Shahs (1982), on the consequences of unchecked power in Iran, and Imperium (1993), an account of the collapse of the Soviet Union.
Kapuscinski was born in 1932 in the eastern Polish town of Pinsk, where, as he said, his direct experiences of poverty helped him to understand the poor of the developing world. During the second world war, he fled with his family to a village near Warsaw. When he was later asked about his fears about reporting wars, he said that his memories of 1939-45 never left him.
After graduating in history at Warsaw University, his writing talents were quickly spotted and he became a foreign correspondent of the Polish news agency. It was the start of a lifelong fascination with foreign parts, which over the next four decades would take him to Asia, Africa and South America, befriending Che Guevara in Bolivia, Salvador Allende in Chile and Patrice Lumumba in Congo.
He relished this freedom in the cold war, when a passport in an Iron Curtain state was a rare privilege. From the start he scorned journalistic conventions, shunned the hack pack and travelled alone - making it difficult to check the accuracy of his many accounts of narrow escapes from death. But no one doubted the essential courage of the man - described by an interviewer as "at once very shy and very charismatic … small, quiet, peculiarly charming".
He generally refrained from writing about Poland, saying he did not know enough about it. But twice his domestic reports made headlines. In 1955, he described the filthy conditions in the newly built steel town of Nowa Huta, in an article which even the Communist authorities (at the time of the post-Stalinist thaw) praised for its realism. In 1980, he reported on the anti-Communist Solidarity movement in six-page piece that captured the spirit of the time with the headline "Revolution in the name of dignity".
Kapuscinski continued to write and travel into old age, although he said he no longer visited "the really wicked places". His last book on Africa, The Shadow of the Sun: My African Life, showed he had lost none of his powers. It opens with an account of his arrival on the continent, when he is immediately struck by the "the smell of the tropics … We instantly recognise its weight, its sticky materiality. The smell makes us at once aware that we are at that point on earth where an exuberant and indefatigable nature labours, incessantly reproducing itself, spreading and blooming, even as it sickens, disintegrates, festers and decays".
For many critics, the book is Kapuscinski at his best - and at his most suspect; rich in brilliant observations, full of embellished but revealing truths and often painfully patronising in his treatment of the continent and its people. However, as the British-Indian writer Salman Rushdie, observes: "If you want just the facts, you go elsewhere … One goes to Kapuscinski to penetrate to something deeper and stronger."
Kapuscinski is survived by his widow, Alicja, who worked as his secretary.
http://search.ft.com/ftArticle?queryText=literature&y=3&aje=true&x=9&id=070125000894
Traducción Altavista
NOTICIAS INTERNACIONALES: El escritor polaco que dio vuelta a reportage en la literatura de Stefan Wagstyl y de Michael Holman, las épocas financieras publicó: De enero el 25 de 2007
Ryszard Kapuscinski, el periodista polaco celebrado que ganó una reputación mundial para sus informes de África, de Asia y de América latina, ha muerto en la edad de 74.
Polaco y no-Polaco a periodistas reconocidos igualmente que nadie capturó el humor del mundo que se convertía, especialmente de África post-colonial, mejoran a Kapuscinski, que murió en Varsovia el martes después de una enfermedad larga.
Si pinchaba los pretensions de la corte del emperador Haile Selassie de Etiopía, o da vuelta al espectáculo de la ciudad angolana que se decaía de Luanda en una metáfora para el continente, él trajo una nueva dimensión al periodismo, combinando la observación shrewd con penetraciones comprensivas. Junto con la escritura fina, no obstante a veces idiosincrásico, estas calidades "levantaron su reportage al estado de la literatura", pues el admirador de largo plazo Michael Ignatieff lo puso. Lo nominaron muchas veces para el premio de la literatura Nobel, pero la llamada de Estocolmo nunca vino.
Sus trabajos más conocidos son el emperador, la historia de la caída de Haile Selassie de Etiopía, dicha por dentro de la corte y publicada en 1978, Shah de Shahs (1982), en las consecuencias de la energía desenfrenada en Irán, e Imperium (1993), una cuenta del derrumbamiento de la Union Sovietica.
Kapuscinski eran llevado en 1932 en del este polaco ciudad de Pinsk, donde, como él dijo, sus experiencias directas de la pobreza le ayudaron a entender a los pobres del mundo que se convertía. Durante la segunda guerra mundial, él huyó con su familia a una aldea cerca de Varsovia. Cuando más adelante le preguntaron acerca de sus miedos sobre la divulgación de guerras, él dijo que sus memorias de 1939-45 nunca lo dejo.
Después de graduar en historia en la universidad de Varsovia, sus talentos de la escritura fueron destacadosdos rápidamente y él hizo corresponsal extranjero de la agencia de noticias polaca. Era el comienzo de una fascinación de por vida con las piezas extranjeras, que durante las cuatro décadas próximas lo llevarían a Asia, a África y a Suramérica, destacando Che Guevara en Bolivia, el Salvador Allende en Chile y Patrice Lumumba en Congo.
Él realizó esta libertad en la guerra fría, cuando un pasaporte en un estado de la cortina del hierro era un privilegio raro. Del comienzo él despreció a convenciones periodísticas, evitó el paquete del corte y viajó solamente - haciéndolo difícil de comprobar la exactitud de sus muchas cuentas de escapes estrechos de la muerte. Pero nadie dudaron el valor esencial del hombre - descrito por un entrevistador como "inmediatamente âÂ?¦ muy tímido y muy carismático, pequeño, reservado, peculiar ser encantando".
Él se refrenó generalmente de escribir sobre Polonia, decia él no sabía bastante sobre ella. Pero sus informes domésticos hicieron dos veces títulos. En 1955, él describió las condiciones asquerosas en la ciudad de acero nuevamente construida de Nowa Huta, en un artículo que incluso las autoridades comunistas (a la hora del deshielo de post-Stalinist) la elogiaron por su realismo. En el año 80, él divulgó sobre el movimiento contra-Comunista de la solidaridad en el pedazo de la seis-página que capturó el alcohol del tiempo con el título "revolución en el nombre de la dignidad".
Kapuscinski continuó escribiendo y viajando en avanzada edad, aunque él dijo que él visitó no más de largo "los lugares realmente traviesos". Su libro pasado en África, La Sombra Del Sol: Mi vida africana, demostrada él no había perdido ningunas de sus energías. Se abre con una cuenta de su llegada en el continente, "Cuando el olor de las zonas tropicales âÂ?¦ que se reconoce inmediatamente su peso, su materialidad pegajosa lo pulsa inmediatamente . El olor nos hace inmediatamente enterados que somos en ese punto en la tierra donde una naturaleza exuberante e indefatigable trabaja, incesantemente reproduciéndose, separándose y floreciendo, incluso mientras que se pone enfermo, nos desintegramos, festers y nos decaemos ".
Para muchos críticos, el libro es Kapuscinski en su mejor - y en su la mayoría del sospechoso; ricos en las observaciones brillantes, llenas de verdades embellecidas pero que revelan a menudo el doloroso patronaje en su tratamiento del continente y de su gente. Sin embargo, como el escritor Britanico-Indio Salman Rushdie, observa: "si usted desea apenas los hechos, usted va a otra parte âÂ?¦ uno va a Kapuscinski a penetrar algo más profundo y más fuerte."
Kapuscinski es sobrevivido por su viuda, Alicja, que trabajó como su secretaria.
martes, 3 de abril de 2007
domingo, 11 de marzo de 2007
Top Literatos exigen libros con papel reciclado
CULTURA : LA INDUSTRIA EDITORIAL Y EL DAÑO AL MEDIO AMBIENTE
Los top de la literatura mundial exigen libros con papel reciclado
J.K.Rowling, José Saramago y Günther Grass encabezan este movimiento. Piden que sus libros se hagan con papel de residuos post consumo. Polémica por los costos.
J.K.ROWLING. CON LA EDICION CANADIENSE DE SU ULTIMO "HARRY POTTER" SE SALVARON 39.320 ARBOLES.
María Luján Picabea
mlpicabea@clarin.com
La edición canadiense de Harry Potter y la orden del Fénix, con una tirada de casi un millón de copias, fue la primera en el mundo en utilizar papel reciclado con un cien por ciento de contenido de residuos post-consumo. Dicha edición permitió, según un informe elaborado por Greenpeace, que no se derribaran 39.320 árboles y el ahorro de 63.435.801 litros de agua y la electricidad consumida por un hogar durante 262 años. J.K. Rowling, creadora de la exitosa saga del niño mago, así como otros tantos prestigiosos escritores entre los que se cuenta al Premio Nobel de Literatura José Saramago, Isabel Allende, Günter Grass, Margaret Atwood, Philip Pullman, Manuel Rivas y Rosa Regás se han puesto a la cabeza de la campaña Libros Amigos de los Bosques para eliminar el uso editorial de papel procedente de la destrucción de bosques primarios.
Las estimaciones de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) afirman que entre 1995 y 2020 la producción mundial de los sectores de pasta, papel y editorial habrá aumentado en un 77 por ciento. Frente a ello, los escritores han comenzado por exigirles a sus editores que impriman en un papel que no haya sido obtenido de modo ambientalmente incorrecto o destructivo.
El compromiso de los autores, que se han sumado a la campaña de Greenpeace, está orientado a lograr que el papel utilizado para las ediciones de sus libros provenga de fuentes respetuosas del ambiente y los criterios sociales. Para garantizarlo debe utilizarse papel reciclado, obtenido con residuos post-consumo o papel certificado por el Consejo de Administración Forestal (FSC por sus siglas en inglés) que estipula estándares de certificación para asegurar que toda la cadena de valor sea manejada de modo sustentable. En términos generales esto implica que para la producción del papel no se haya entrado en conflicto con comunidades aborígenes, ni se hayan tenido problemas gremiales; que el manejo forestal sea el adecuado, y que el proceso de blanqueamiento esté libre de cloro.
Random House Modadori, es actualmente uno de los sellos comprometidos con este emprendimiento que lidera la campaña en España. Y El Bosque de los Pigmeos de Isabel Allende fue su primer lanzamiento. La autora, activa militante de la campaña, ha señalado: "Me uno con los demás escritores para rogarle a la industria editorial que no sea cómplice en la destrucción de bosques primarios y que utilice criterios medioambientalistas cuando compran papel".
Actualmente unos doscientos cincuenta autores han adherido al programa Libros Amigos de los Bosques, además de los ya mencionados, continúan en la lista Charlotte Bingham, Ben Elton, Anne Fine, Barbara Kingsolver, Andrea de Carlo, Alice Walker, Niccolo Amanniti, Javier Moro, Alvaro Pombo, Javier Cercas y Joaquín Araujo, por nombrar sólo algunos.
En la Argentina, según ha informado Greenpeace, no hay aún ninguna edición de estas características. Los verdes trabajan activamente para que esto cambie. La próxima batalla será sobre la publicación en español de Harry Potter and the Deathly Hallows, programada para 2008. Ya en las últimas dos entregas de la saga, la editorial Salamandra aseguró haber impreso sobre papel ecológico aunque sin la certificación FSC, cosa que se espera que suceda para la próxima edición.
http://www.clarin.com/diario/2007/03/01/sociedad/s-04101.htm
Los top de la literatura mundial exigen libros con papel reciclado
J.K.Rowling, José Saramago y Günther Grass encabezan este movimiento. Piden que sus libros se hagan con papel de residuos post consumo. Polémica por los costos.
J.K.ROWLING. CON LA EDICION CANADIENSE DE SU ULTIMO "HARRY POTTER" SE SALVARON 39.320 ARBOLES.
María Luján Picabea
mlpicabea@clarin.com
La edición canadiense de Harry Potter y la orden del Fénix, con una tirada de casi un millón de copias, fue la primera en el mundo en utilizar papel reciclado con un cien por ciento de contenido de residuos post-consumo. Dicha edición permitió, según un informe elaborado por Greenpeace, que no se derribaran 39.320 árboles y el ahorro de 63.435.801 litros de agua y la electricidad consumida por un hogar durante 262 años. J.K. Rowling, creadora de la exitosa saga del niño mago, así como otros tantos prestigiosos escritores entre los que se cuenta al Premio Nobel de Literatura José Saramago, Isabel Allende, Günter Grass, Margaret Atwood, Philip Pullman, Manuel Rivas y Rosa Regás se han puesto a la cabeza de la campaña Libros Amigos de los Bosques para eliminar el uso editorial de papel procedente de la destrucción de bosques primarios.
Las estimaciones de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) afirman que entre 1995 y 2020 la producción mundial de los sectores de pasta, papel y editorial habrá aumentado en un 77 por ciento. Frente a ello, los escritores han comenzado por exigirles a sus editores que impriman en un papel que no haya sido obtenido de modo ambientalmente incorrecto o destructivo.
El compromiso de los autores, que se han sumado a la campaña de Greenpeace, está orientado a lograr que el papel utilizado para las ediciones de sus libros provenga de fuentes respetuosas del ambiente y los criterios sociales. Para garantizarlo debe utilizarse papel reciclado, obtenido con residuos post-consumo o papel certificado por el Consejo de Administración Forestal (FSC por sus siglas en inglés) que estipula estándares de certificación para asegurar que toda la cadena de valor sea manejada de modo sustentable. En términos generales esto implica que para la producción del papel no se haya entrado en conflicto con comunidades aborígenes, ni se hayan tenido problemas gremiales; que el manejo forestal sea el adecuado, y que el proceso de blanqueamiento esté libre de cloro.
Random House Modadori, es actualmente uno de los sellos comprometidos con este emprendimiento que lidera la campaña en España. Y El Bosque de los Pigmeos de Isabel Allende fue su primer lanzamiento. La autora, activa militante de la campaña, ha señalado: "Me uno con los demás escritores para rogarle a la industria editorial que no sea cómplice en la destrucción de bosques primarios y que utilice criterios medioambientalistas cuando compran papel".
Actualmente unos doscientos cincuenta autores han adherido al programa Libros Amigos de los Bosques, además de los ya mencionados, continúan en la lista Charlotte Bingham, Ben Elton, Anne Fine, Barbara Kingsolver, Andrea de Carlo, Alice Walker, Niccolo Amanniti, Javier Moro, Alvaro Pombo, Javier Cercas y Joaquín Araujo, por nombrar sólo algunos.
En la Argentina, según ha informado Greenpeace, no hay aún ninguna edición de estas características. Los verdes trabajan activamente para que esto cambie. La próxima batalla será sobre la publicación en español de Harry Potter and the Deathly Hallows, programada para 2008. Ya en las últimas dos entregas de la saga, la editorial Salamandra aseguró haber impreso sobre papel ecológico aunque sin la certificación FSC, cosa que se espera que suceda para la próxima edición.
http://www.clarin.com/diario/2007/03/01/sociedad/s-04101.htm
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La Literatura tiene algo de lotería:... (Fernado Savater)
TENDENCIAS
La literatura tiene algo de lotería: el billete premiado es best seller
--------------------------------------------------------------------------------
Fernando Savater.
FILOSOFO ESPAÑOL
En esa interminable sucesión de chismes, chascarrillos, cursiladas y alguna genialidad que es el Borges que aparece en los diarios de Adolfo Bioy Casares, el gran hombre le dice cierto 9 de julio a su paciente cronista: "Una cosa le falta a ese libro (Seis problemas para don Isidro Parodi) para que pueda ser considerado muy bueno: le falta el éxito. Yo no sé si sin éxito una obra puede ser muy buena".
El comentario bien podía ser irónico o paródico, como don Isidro, porque con Borges nunca se sabe. Pero no deja de plantear una cuestión interesante. En efecto, el más inequívoco criterio que todos aplicamos para determinar que una obra literaria es realmente buena, grandiosa, clásica es el éxito. La Odisea, la Divina Comedia, los Ensayos de Montaigne, Hamlet, el Quijote, Crimen y castigo o Cien años de soledad son indiscutiblemente logros literarios excelentes porque han tenido un éxito innegable a través de las generaciones.
Da igual que a cada uno de nosotros esas obras nos parezcan apasionantes o insoportablemente aburridas: ya están más allá de nuestro alcance crítico. Tolstoi se empeñó en demostrar que Rey Lear era un melodrama malísimo, pero nadie le hizo demasiado caso: ¡cosas de Tolstoi! Tenía razón Chesterton cuando definía a un autor clásico como "un rey del que se puede desertar, pero al que ya no se puede destronar". Es el peso del éxito.
No griten más, ya oigo sus protestas: ¡Shakespeare o Cervantes tuvieron —y tienen— éxito porque son parangones de excelencia, no se les tiene por excelentes a causa de su éxito! ¡Usted invierte los factores para adulterar el producto! De acuerdo, admito que sea así en una serie de casos pero, ¿podemos asegurarlo de todos? ¿No puede en ocasiones resultar la grandeza algo como el eco del éxito (los críticos y "entendidos" apoyándose unos a otros a través de los años), hasta el punto de que ya nadie se atreva a gritar que el rey va desnudo, o sea, escuchado en caso de gritar contra corriente?
¿Es absolutamente descartable la posibilidad de que existan novelas, poemas o dramas superiores a los más celebrados pero que parecen inferiores precisamente por no haber sido tan celebrados? ¿Cómo medir objetivamente el mérito de una obra literaria salvo por su capacidad comprobada de convencer duraderamente a la mayoría de los lectores o a los creadores de opinión literaria? Y esa mayoría, populista o selecta, ¿puede equivocarse alguna vez? Quizá la ironía borgeana antes mencionada apuntaba también en esta dirección llena de dudas…
Y así llegamos al enigma de los best sellers cuya aborrecida abundancia hace gemir las estanterías de las librerías de aeropuerto. No me refiero a los falsos best-sellers, es decir a la caterva que imita a los auténticos y trata de agotar el filón descubierto por ellos. A priori, nadie hubiera dicho que una extensa novela escrita por un erudito semiólogo, ambientada en las herejías del siglo XIII y con abundantes párrafos en latín pudiera seducir a las multitudes: después del triunfo de El nombre de la rosa, los detectives medievales y por extensión romanos, griegos, egipcios y asirios nos han atribulado sin cesar en busca del mimético tesoro. ¡Y qué decir de los dragones, brujos y elfos que corretean hasta la náusea tras la estela victoriosa de El señor de los anillos! No, rechacemos las imitaciones. ¿Qué hay de los verdaderos best sellers, los que inauguran con su éxito estas series? ¿Son buenos o malos, excelentes o detestables? Muchos logran el sufragio multitudinario de los lectores de manera imprevista, la operación de marketing es posterior. ¿Qué pensar de ellos? Si nos parecen mediocres, ¿vale más nuestro juicio personal que el de millones de entusiastas?
A mí, El código Da Vinci me parece deleznable. Pero, ¿y si un viajero del tiempo me dijese que dentro de doscientos años seguirá siendo considerado una obra maestra, como hoy creen tantos? ¿Me quedará otro remedio que acatarlo? Stendhal dijo que la literatura tiene algo de lotería: hay billetes premiados y otros no. ¿Entonces? No sé, por si las moscas yo vuelvo a Dickens. Y me consuelo pensando que lo importante es que no decaiga nunca, justificado o gratuito, el placer misterioso de leer.
Copyright Clarín y Fernando Savater, 2007.
http://www.clarin.com/suplementos/zona/2007/02/25/z-03501.htm
La literatura tiene algo de lotería: el billete premiado es best seller
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Fernando Savater.
FILOSOFO ESPAÑOL
En esa interminable sucesión de chismes, chascarrillos, cursiladas y alguna genialidad que es el Borges que aparece en los diarios de Adolfo Bioy Casares, el gran hombre le dice cierto 9 de julio a su paciente cronista: "Una cosa le falta a ese libro (Seis problemas para don Isidro Parodi) para que pueda ser considerado muy bueno: le falta el éxito. Yo no sé si sin éxito una obra puede ser muy buena".
El comentario bien podía ser irónico o paródico, como don Isidro, porque con Borges nunca se sabe. Pero no deja de plantear una cuestión interesante. En efecto, el más inequívoco criterio que todos aplicamos para determinar que una obra literaria es realmente buena, grandiosa, clásica es el éxito. La Odisea, la Divina Comedia, los Ensayos de Montaigne, Hamlet, el Quijote, Crimen y castigo o Cien años de soledad son indiscutiblemente logros literarios excelentes porque han tenido un éxito innegable a través de las generaciones.
Da igual que a cada uno de nosotros esas obras nos parezcan apasionantes o insoportablemente aburridas: ya están más allá de nuestro alcance crítico. Tolstoi se empeñó en demostrar que Rey Lear era un melodrama malísimo, pero nadie le hizo demasiado caso: ¡cosas de Tolstoi! Tenía razón Chesterton cuando definía a un autor clásico como "un rey del que se puede desertar, pero al que ya no se puede destronar". Es el peso del éxito.
No griten más, ya oigo sus protestas: ¡Shakespeare o Cervantes tuvieron —y tienen— éxito porque son parangones de excelencia, no se les tiene por excelentes a causa de su éxito! ¡Usted invierte los factores para adulterar el producto! De acuerdo, admito que sea así en una serie de casos pero, ¿podemos asegurarlo de todos? ¿No puede en ocasiones resultar la grandeza algo como el eco del éxito (los críticos y "entendidos" apoyándose unos a otros a través de los años), hasta el punto de que ya nadie se atreva a gritar que el rey va desnudo, o sea, escuchado en caso de gritar contra corriente?
¿Es absolutamente descartable la posibilidad de que existan novelas, poemas o dramas superiores a los más celebrados pero que parecen inferiores precisamente por no haber sido tan celebrados? ¿Cómo medir objetivamente el mérito de una obra literaria salvo por su capacidad comprobada de convencer duraderamente a la mayoría de los lectores o a los creadores de opinión literaria? Y esa mayoría, populista o selecta, ¿puede equivocarse alguna vez? Quizá la ironía borgeana antes mencionada apuntaba también en esta dirección llena de dudas…
Y así llegamos al enigma de los best sellers cuya aborrecida abundancia hace gemir las estanterías de las librerías de aeropuerto. No me refiero a los falsos best-sellers, es decir a la caterva que imita a los auténticos y trata de agotar el filón descubierto por ellos. A priori, nadie hubiera dicho que una extensa novela escrita por un erudito semiólogo, ambientada en las herejías del siglo XIII y con abundantes párrafos en latín pudiera seducir a las multitudes: después del triunfo de El nombre de la rosa, los detectives medievales y por extensión romanos, griegos, egipcios y asirios nos han atribulado sin cesar en busca del mimético tesoro. ¡Y qué decir de los dragones, brujos y elfos que corretean hasta la náusea tras la estela victoriosa de El señor de los anillos! No, rechacemos las imitaciones. ¿Qué hay de los verdaderos best sellers, los que inauguran con su éxito estas series? ¿Son buenos o malos, excelentes o detestables? Muchos logran el sufragio multitudinario de los lectores de manera imprevista, la operación de marketing es posterior. ¿Qué pensar de ellos? Si nos parecen mediocres, ¿vale más nuestro juicio personal que el de millones de entusiastas?
A mí, El código Da Vinci me parece deleznable. Pero, ¿y si un viajero del tiempo me dijese que dentro de doscientos años seguirá siendo considerado una obra maestra, como hoy creen tantos? ¿Me quedará otro remedio que acatarlo? Stendhal dijo que la literatura tiene algo de lotería: hay billetes premiados y otros no. ¿Entonces? No sé, por si las moscas yo vuelvo a Dickens. Y me consuelo pensando que lo importante es que no decaiga nunca, justificado o gratuito, el placer misterioso de leer.
Copyright Clarín y Fernando Savater, 2007.
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lunes, 5 de marzo de 2007
Gabo y Marzo
El Buenos Aires al que jamás regresó
La ciudad fue testigo de cómo Cien años de soledad se transformó de manuscrito en un fenómeno que impactó en todo el orbe
José Vales
El Universal
Lunes 05 de marzo de 2007
B UENOS AIRES.- A Gloria Rodrigué se le enciende el rostro cuando habla de García Márquez. Ese nombre no sólo le dice todo como la lectora voraz y atenta que es, sino que hasta puede pertenecer a su familia.
El apellido García Márquez comenzó a dar vueltas en las sobremesas familiares a comienzos de 1966, acercado por su abuelo, Pedro López Llausas, hasta convertirse en una especie de amuleto de lo que fue la editorial familiar, Sudamericana. Allí llegó un día de aquel año, "cargado de magia", según lo recuerda ella ahora, el manuscrito de Cien años de soledad para ir de cabeza a la imprenta y desde entonces no dejar de reeditarse.
En la entrevista comenta por centésima vez la historia de este lado. Una especie de contracara de la misma moneda que el propio Gabo acuñó en un artículo que publicó en el año 2001, donde explica la mágica aparición de los Buendía, un 5 de junio de 1967 y en Buenos Aires. En ese texto narra las peripecias para enviar el original, desde el otro extremo de América, en México, donde concibió su mítica novela, escrita en más de un año y trabajando seis horas diarias. Contando las monedas, junto a su esposa Mercedes Barcha, envió por correo la segunda parte primero. Para armar una vez más el rompecabezas Rodrigué, hasta hace tres años directora editorial de Sudamericana y hoy al frente de la sucursal argentina de Edhasa, muestra una carta resguardada del maltrato del tiempo en un cuadro, firmada de puño y letra por Gabriel García Márquez, en la que el autor le responde a Francisco Porrúa, por entonces editor de la editorial ubicada en el muy porteño barrio de San Telmo. Está fechada el 30 de octubre de 1965 y en ella adelanta que "es muy larga y compleja. Es una novela en la cual tengo depositadas mis mejores ilusiones". No se ilusionó en vano. Esa novela, Cien años de soledad, iba a convertirse en su mejor compañera de un largo viaje que comenzó justamente aquí, en Buenos Aires.
"Porrúa había leído algunas novelas de Gabo editadas en otros lados. Lo había hecho a través de algún amigo, creo que de Tomás Eloy Martínez (por entonces director del semanario Primera Plana) y le escribió a Gabo diciéndole que le gustaría publicar algo suyo", recuerda Gloria, cuatro décadas después.
A vuelta de correo, Gabo le explica -en esa carta conservada como uno de los tesoros privados de Sudamericana- que La hojarasca estaba en poder de la editorial de la Universidad Veracruzana y ya le recomendaba que consultara a Carmen Balcels, por saber los contratos editoriales de otros trabajos, y le ofrece Cien años cuando aún estaba inconclusa. Un telegrama de don Paco aceptando contemplar la oferta, la llegada de "algunas cuartillas primero", la respuesta con el contrato que regresó firmado y con la segunda mitad del libro, y unas semanas más tarde el paquete con la primera mitad, y un cheque de 500 dólares que bien sirvió para comenzar a saldar deudas familiares.
"Cuando un escritor viene y me pide un adelanto de dinero bastante importante yo siempre les digo que a Gabo, por Cien años le dimos 500 dólares de aquella época, que tampoco era nada, y fue el mayor éxito de la editorial. Para mí es mufa, trae mala suerte pagar mucho de adelanto, y a las pruebas me remito."
Gloria, asegura hoy que ese libro posee "algo mágico".
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/51745.html
La ciudad fue testigo de cómo Cien años de soledad se transformó de manuscrito en un fenómeno que impactó en todo el orbe
José Vales
El Universal
Lunes 05 de marzo de 2007
B UENOS AIRES.- A Gloria Rodrigué se le enciende el rostro cuando habla de García Márquez. Ese nombre no sólo le dice todo como la lectora voraz y atenta que es, sino que hasta puede pertenecer a su familia.
El apellido García Márquez comenzó a dar vueltas en las sobremesas familiares a comienzos de 1966, acercado por su abuelo, Pedro López Llausas, hasta convertirse en una especie de amuleto de lo que fue la editorial familiar, Sudamericana. Allí llegó un día de aquel año, "cargado de magia", según lo recuerda ella ahora, el manuscrito de Cien años de soledad para ir de cabeza a la imprenta y desde entonces no dejar de reeditarse.
En la entrevista comenta por centésima vez la historia de este lado. Una especie de contracara de la misma moneda que el propio Gabo acuñó en un artículo que publicó en el año 2001, donde explica la mágica aparición de los Buendía, un 5 de junio de 1967 y en Buenos Aires. En ese texto narra las peripecias para enviar el original, desde el otro extremo de América, en México, donde concibió su mítica novela, escrita en más de un año y trabajando seis horas diarias. Contando las monedas, junto a su esposa Mercedes Barcha, envió por correo la segunda parte primero. Para armar una vez más el rompecabezas Rodrigué, hasta hace tres años directora editorial de Sudamericana y hoy al frente de la sucursal argentina de Edhasa, muestra una carta resguardada del maltrato del tiempo en un cuadro, firmada de puño y letra por Gabriel García Márquez, en la que el autor le responde a Francisco Porrúa, por entonces editor de la editorial ubicada en el muy porteño barrio de San Telmo. Está fechada el 30 de octubre de 1965 y en ella adelanta que "es muy larga y compleja. Es una novela en la cual tengo depositadas mis mejores ilusiones". No se ilusionó en vano. Esa novela, Cien años de soledad, iba a convertirse en su mejor compañera de un largo viaje que comenzó justamente aquí, en Buenos Aires.
"Porrúa había leído algunas novelas de Gabo editadas en otros lados. Lo había hecho a través de algún amigo, creo que de Tomás Eloy Martínez (por entonces director del semanario Primera Plana) y le escribió a Gabo diciéndole que le gustaría publicar algo suyo", recuerda Gloria, cuatro décadas después.
A vuelta de correo, Gabo le explica -en esa carta conservada como uno de los tesoros privados de Sudamericana- que La hojarasca estaba en poder de la editorial de la Universidad Veracruzana y ya le recomendaba que consultara a Carmen Balcels, por saber los contratos editoriales de otros trabajos, y le ofrece Cien años cuando aún estaba inconclusa. Un telegrama de don Paco aceptando contemplar la oferta, la llegada de "algunas cuartillas primero", la respuesta con el contrato que regresó firmado y con la segunda mitad del libro, y unas semanas más tarde el paquete con la primera mitad, y un cheque de 500 dólares que bien sirvió para comenzar a saldar deudas familiares.
"Cuando un escritor viene y me pide un adelanto de dinero bastante importante yo siempre les digo que a Gabo, por Cien años le dimos 500 dólares de aquella época, que tampoco era nada, y fue el mayor éxito de la editorial. Para mí es mufa, trae mala suerte pagar mucho de adelanto, y a las pruebas me remito."
Gloria, asegura hoy que ese libro posee "algo mágico".
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/51745.html
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domingo, 4 de marzo de 2007
Cambiar El Mundo Con Una Enciclopedia
Cambiar el mundo con una enciclopedia
Andrés J. Reina relata en una novela una historia de intriga y espionaje en el Madrid sitiado de la Guerra Civil
SERGIO MELLADO - Málaga - 04/03/2007
Un Madrid imaginado, devastado por la guerra, donde la vida transcurre de forma frenética, poblado de personajes misteriosos y en el que bulle una creatividad artística que sirve a sus habitantes de vía de escape a los horrores y miserias cotidianos. Éste es el escenario donde transcurre Matar a un leopardo (Fundación José Manuel Lara) la segunda novela del escritor Andrés J. Reina, un malagueño de Tánger que a sus 34 años compagina su oficio de abogado con una de sus pasiones: contar historias que conjuguen la calidad con el entretenimiento. Esta meta le valió para alzarse como finalista del Premio de Novela Fernando Lara en 2003 con su primera obra, Yoshiwara.
"A mí me trae al fresco el realismo. No soy respetuoso con el realismo"
A ese Madrid en guerra llega de provincias Antonio Gauna, un joven aspirante a actor de 22 años que se ve envuelto en una conjura de espionaje internacional, situación que acabará con su inocencia y le llevará a mentir, matar y asesinar por defender de nazis y norteamericanos una enciclopedia ideada por un magnate de la comunicación algo megalómano y escrita por un grupo de sabios con la esperanza de que ésta cambiará el rumbo del mundo. Un Madrid inventado escogido como escenario que el autor asegura que eligió por exigencias de la propia historia.
"No tenía ningún deseo especial de localizar la historia en la Guerra Civil. Lo que sí necesitaba era un espacio temporal donde pudiera ocurrir de todo. Y el Madrid de los años treinta me parecía idóneo porque la Guerra Civil es lo más parecido a un western, que me parece el género narrativo perfecto, porque da mucho juego: hay un bueno, un malo, una chica, acción... Y la Guerra Civil me brindaba todo eso. Es un periodo donde las convenciones sociales están vueltas del revés, en el que puede pasar de todo y en el que se mueven todo tipo de personajes peculiares, extravagantes", apunta Reina sobre la elección del Madrid en guerra para contextualizar la historia de su novela.
"A mí me trae al fresco el realismo. No soy nada respetuoso con el realismo. La imaginación es el principal recurso de los escritores. No cuento apenas nada de la guerra, a lo mejor en algún capítulo unos breves apuntes históricos, pero ésta es una novela de interiores, de personajes", añade para explicar que Matar a un leopardo no sigue la estela de otras novelas recientes que sí ahondan en revivir episodios de la Guerra Civil. Reina recurre de nuevo en esta novela al mundo del teatro, del espectáculo, en el que trata de hacerse un hueco su protagonista.
"Sí, es una novela muy teatral en cuanto a su estructura. Es una novela muy dialogada y en forma de escenas", indica el autor, muy ligado a este mundo ya que compagina su oficio de abogado además de con la literatura con su faceta de director teatral y guionista de cine, otra de sus pasiones y que ejerce cierta influencia en su obra, donde retrata a personajes "excéntricos, misteriosos y ambiguos que se mueven en una ciudad exhausta", como los que aparecen en El tercer hombre, de Graham Greene.
"La novela está focalizada en tres o cuatro personajes principales. El protagonista, Antonio Gauna, quiere llegar a ser un gran actor, pero se ve inmerso en una trama que trastoca sus planes. La novela está relatada desde su punto de vista, pero hay otros personajes que rivalizan en protagonismo, como puede ser Max Gatty, un magnate de la comunicación que dirige el último periódico independiente y que tiene un plan definido para resolver los problemas del mundo", concluye Reina.
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/Cambiar/mundo/enciclopedia/elpepuespand/20070304elpand_11/Tes
Andrés J. Reina relata en una novela una historia de intriga y espionaje en el Madrid sitiado de la Guerra Civil
SERGIO MELLADO - Málaga - 04/03/2007
Un Madrid imaginado, devastado por la guerra, donde la vida transcurre de forma frenética, poblado de personajes misteriosos y en el que bulle una creatividad artística que sirve a sus habitantes de vía de escape a los horrores y miserias cotidianos. Éste es el escenario donde transcurre Matar a un leopardo (Fundación José Manuel Lara) la segunda novela del escritor Andrés J. Reina, un malagueño de Tánger que a sus 34 años compagina su oficio de abogado con una de sus pasiones: contar historias que conjuguen la calidad con el entretenimiento. Esta meta le valió para alzarse como finalista del Premio de Novela Fernando Lara en 2003 con su primera obra, Yoshiwara.
"A mí me trae al fresco el realismo. No soy respetuoso con el realismo"
A ese Madrid en guerra llega de provincias Antonio Gauna, un joven aspirante a actor de 22 años que se ve envuelto en una conjura de espionaje internacional, situación que acabará con su inocencia y le llevará a mentir, matar y asesinar por defender de nazis y norteamericanos una enciclopedia ideada por un magnate de la comunicación algo megalómano y escrita por un grupo de sabios con la esperanza de que ésta cambiará el rumbo del mundo. Un Madrid inventado escogido como escenario que el autor asegura que eligió por exigencias de la propia historia.
"No tenía ningún deseo especial de localizar la historia en la Guerra Civil. Lo que sí necesitaba era un espacio temporal donde pudiera ocurrir de todo. Y el Madrid de los años treinta me parecía idóneo porque la Guerra Civil es lo más parecido a un western, que me parece el género narrativo perfecto, porque da mucho juego: hay un bueno, un malo, una chica, acción... Y la Guerra Civil me brindaba todo eso. Es un periodo donde las convenciones sociales están vueltas del revés, en el que puede pasar de todo y en el que se mueven todo tipo de personajes peculiares, extravagantes", apunta Reina sobre la elección del Madrid en guerra para contextualizar la historia de su novela.
"A mí me trae al fresco el realismo. No soy nada respetuoso con el realismo. La imaginación es el principal recurso de los escritores. No cuento apenas nada de la guerra, a lo mejor en algún capítulo unos breves apuntes históricos, pero ésta es una novela de interiores, de personajes", añade para explicar que Matar a un leopardo no sigue la estela de otras novelas recientes que sí ahondan en revivir episodios de la Guerra Civil. Reina recurre de nuevo en esta novela al mundo del teatro, del espectáculo, en el que trata de hacerse un hueco su protagonista.
"Sí, es una novela muy teatral en cuanto a su estructura. Es una novela muy dialogada y en forma de escenas", indica el autor, muy ligado a este mundo ya que compagina su oficio de abogado además de con la literatura con su faceta de director teatral y guionista de cine, otra de sus pasiones y que ejerce cierta influencia en su obra, donde retrata a personajes "excéntricos, misteriosos y ambiguos que se mueven en una ciudad exhausta", como los que aparecen en El tercer hombre, de Graham Greene.
"La novela está focalizada en tres o cuatro personajes principales. El protagonista, Antonio Gauna, quiere llegar a ser un gran actor, pero se ve inmerso en una trama que trastoca sus planes. La novela está relatada desde su punto de vista, pero hay otros personajes que rivalizan en protagonismo, como puede ser Max Gatty, un magnate de la comunicación que dirige el último periódico independiente y que tiene un plan definido para resolver los problemas del mundo", concluye Reina.
http://www.elpais.com/articulo/andalucia/Cambiar/mundo/enciclopedia/elpepuespand/20070304elpand_11/Tes
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Comentario Literario,
Literatura Española,
Novela
Cien Cartas A Un Desconocido
Domingo 4 de marzo de 2007
El arte de la edición
--------------------------------------------------------------------------------
Ya conocíamos las facetas de novelista y ensayista de Roberto Calasso, pero faltaba su testimonio como editor, actividad que realiza desde comienzos de los sesenta en la prestigiosa editorial Adelphi. Partiendo de la base de que la solapa - o la contratapa- es el único medio que le permite al editor explicar qué lo motivó a publicar determinado libro, Calasso recogió los cien textos que mejor representan sus afinidades, intereses y riesgos. Así, junto a los baluartes de la literatura centroeuropea (Roth, Walser, Canetti) se incluyen en su catálogo libros clásicos de oriente, volúmenes que socavan las bases de la ciencia moderna y un espectro de autobiografías tan amplio que caben San Ignacio de Loyola, Kant y una prostituta de Nueva Orleans.
La diversidad se puede traducir fácilmente en desparramo. Aquí, sin embargo, se aprecia una mirada atenta que trata de restablecer las conexiones entre la literatura y lo sagrado, entre el pensamiento contemporáneo y la belleza escondida en los mitos. También se deduce que la edición es el arte de dar forma a una pluralidad de libros como si fueran los capítulos de un único libro.
Sobre un volumen basado en contratapas siempre hay que sospechar, por mucho que la escritura de Calasso esté más cerca de la exégesis que de la estridencia publicitaria. El mismo autor se hace cargo en el prólogo de esta desconfianza, aunque es enfático al plantear que "el arte del elogio preciso no es menos difícil que el de la crítica inclemente". La duda respecto de la materia que conforma esta obra, así como ciertas discrepancias sobre la valoración de algunos autores - Hudson, Chatwin, Manganelli- , en ningún caso debieran desmotivar al lector inquieto, al adicto a las rarezas, a todo el que desee conocer tradiciones literarias poco exploradas por estos lados. Una luz seductora ilumina las páginas de este libro que se lee como una bóveda abierta, con sus tesoros a la vista.
ÁLVARO MATUS
Cien cartas a un desconocido
Roberto Calasso
Anagrama, Barcelona, 2007, 185 páginas, $21.000.
Narrativa
http://diario.elmercurio.com/2007/03/04/al_revista_de_libros/_portada/noticias/34C22FF1-4401-4719-B669-04D732CBA0E5.htm?id={34C22FF1-4401-4719-B669-04D732CBA0E5}
El arte de la edición
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Ya conocíamos las facetas de novelista y ensayista de Roberto Calasso, pero faltaba su testimonio como editor, actividad que realiza desde comienzos de los sesenta en la prestigiosa editorial Adelphi. Partiendo de la base de que la solapa - o la contratapa- es el único medio que le permite al editor explicar qué lo motivó a publicar determinado libro, Calasso recogió los cien textos que mejor representan sus afinidades, intereses y riesgos. Así, junto a los baluartes de la literatura centroeuropea (Roth, Walser, Canetti) se incluyen en su catálogo libros clásicos de oriente, volúmenes que socavan las bases de la ciencia moderna y un espectro de autobiografías tan amplio que caben San Ignacio de Loyola, Kant y una prostituta de Nueva Orleans.
La diversidad se puede traducir fácilmente en desparramo. Aquí, sin embargo, se aprecia una mirada atenta que trata de restablecer las conexiones entre la literatura y lo sagrado, entre el pensamiento contemporáneo y la belleza escondida en los mitos. También se deduce que la edición es el arte de dar forma a una pluralidad de libros como si fueran los capítulos de un único libro.
Sobre un volumen basado en contratapas siempre hay que sospechar, por mucho que la escritura de Calasso esté más cerca de la exégesis que de la estridencia publicitaria. El mismo autor se hace cargo en el prólogo de esta desconfianza, aunque es enfático al plantear que "el arte del elogio preciso no es menos difícil que el de la crítica inclemente". La duda respecto de la materia que conforma esta obra, así como ciertas discrepancias sobre la valoración de algunos autores - Hudson, Chatwin, Manganelli- , en ningún caso debieran desmotivar al lector inquieto, al adicto a las rarezas, a todo el que desee conocer tradiciones literarias poco exploradas por estos lados. Una luz seductora ilumina las páginas de este libro que se lee como una bóveda abierta, con sus tesoros a la vista.
ÁLVARO MATUS
Cien cartas a un desconocido
Roberto Calasso
Anagrama, Barcelona, 2007, 185 páginas, $21.000.
Narrativa
http://diario.elmercurio.com/2007/03/04/al_revista_de_libros/_portada/noticias/34C22FF1-4401-4719-B669-04D732CBA0E5.htm?id={34C22FF1-4401-4719-B669-04D732CBA0E5}
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Literatura CentroEuropea
La Odisea En La Odisea
Domingo 4 de marzo de 2007
MIGUEL CASTILLO DIDIER.Nueva obra sobre escritor griego:
La Odisea en la Odisea
Grinor Rojo
El escritor chileno y erudito del helenismo presenta este libro sobre el poema del griego Nikos Kazantzakis, que relata la vida de Ulises después de su regreso a Itaca, su necesidad de aventura y su nuevo abandono del hogar.
--------------------------------------------------------------------------------
GRINOR ROJO
Que en Chile, donde según una encuesta reciente la inmensa mayoría de la población no lee ni un solo libro al año y donde el trabajo de o con la literatura coquetea a menudo con la farandulización más descarada, haya un neohelenista de los pergaminos de Miguel Castillo Didier no deja de ser paradójico. Es el gran traductor a la lengua española de lo mejor de esa literatura: traductor de Constantino Kavafis, Giorgos Seferis, Yanis Ritsos, de Odiseo Elytis y, también, desde luego, de Nikos Kazantzakis. No sólo eso. Además de su imponente "Un milenio de poesía griega" (2004), a lo largo de los años, sin ninguna bulla, Castillo Didier ha venido publicando una serie de trabajos de investigación dedicados a los autores de la nueva Grecia, trabajos que hoy y en cualquier sitio forman parte de la bibliografía referencial obligada sobre esa literatura de la que sus compatriotas poco y nada sabemos.
Odisea moderna
He escrito lo anterior para saludar el nuevo libro de Castillo Didier: "La Odisea en la Odisea. Estudios y ensayos sobre la Odisea de Kazantzakis". El poema de Kazantzakis es, como algunos saben, uno de los monumentos mayores de la literatura del siglo XX, compartiendo con el "Ulises" de Joyce el privilegio de ser uno de los dos textos cumbres entre los muchos escritos a partir de la obra de Homero durante la centuria que hace poco se nos fue. Kazantzakis, que lo consideraba como lo más valioso que hizo nunca, lo escribió y lo reescribió, según nos informa Castillo Didier, durante más de veinte años. Publicó una primera versión en 1924 y la definitiva en 1938, compuesta esa última "de 33.333 versos [Don Eleazar Huerta hubiese especulado de inmediato acerca de 'la magia del tres'] decaheptasílabos sin rima, impresos in folio, en ochocientas y tantas páginas en un volumen bastante difícil de levantar" (D. Nikolareizis).
Contiene ese volumen la contracara de la Odisea homérica. Si aquél es el poema del regreso a la casa, hasta el punto de que en la cultura de Occidente a la isla de Ulises se la suele confundir "con los sentimientos de la nostalgia, del amor a la tierra y al hogar, de la voluntad y la esperanza de volver al terruño", el de Kazantzakis es el del hastío de todo eso y de su abandono en pos de un peregrinaje esta vez "sin recompensa y sin esperanza". Ulises ha vuelto a Itaca, a un mal reencuentro con su familia y su pueblo, y decide echarse de nuevo a la mar. Inicia de este modo la serie de viajes descomunales que C. García Gual describe como los de "un Ulises inquieto, revolucionario, que rapta a Helena...; pasa por Esparta, Creta y Egipto; funda una sociedad igualitaria en África; se encuentra con figuras de hondo simbolismo y termina solitario, muriendo en los hielos del Antártico". Al cabo, como no han trepidado en señalarlo comentaristas múltiples, de Eliot a Auden y de Colin Wilson a Martín Centeno, el Ulises de Kazantzakis puede leerse bien como "aquel que podría acompañarlo en su travesía para encontrarles un sentido a la existencia y al mundo".
No tengo que decir que Miguel Castillo Didier no ha querido ofrecer en su propio libro una interpretación totalizadora y acabada de la gran obra de Nikos Kazantzakis. Se contenta el erudito chileno con seguirles la pista de unos cuantos personajes y temas homéricos, para ver qué ha hecho Kazantzakis con ellos: "Laertes, Penélope, Nausicaa, Circe, Helena y el perro Argos. Cuatro ensayos se dedican a Itaca, la Catábasis, Caronte y sus metamorfosis y el paso del tiempo en la Odisea". Mis preferencias van del lado de aquellos trabajos que hablan acerca de Itaca, la isla que Ulises abandona en realidad pero recobra obsesivamente en el recuerdo, el que se ocupa del perro Argos, "de fidelidad milenaria", y, por supuesto, el que habla de la bella Helena, quien como el propio Ulises se ahoga en "la chatura del hogar", anhelante de "aventura" y a la que el héroe no puede abstenerse de raptar por segunda vez. Pero Helena es irretenible, como bien lo sabemos todos los hombres, y Ulises la pierde, como antes la perdieran Menelao y Paris: "Ya vagas lejos en mi mente y te vas desvaneciendo, ¡oh, Odiseo!... En el cristal que tú me regalaste para saber mi destino,/ veo erguirse a mi diestra un bárbaro de barba blonda/ en nuestra tienda roja, y sostener a mi hijo./ Veo nueva tierra y mar ¡y tú, Ulises, has desaparecido!".
http://diario.elmercurio.com/2007/03/04/artes_y_letras/literatura/noticias/D6EC149F-F159-434B-8C41-E0B6AB696CD5.htm
MIGUEL CASTILLO DIDIER.Nueva obra sobre escritor griego:
La Odisea en la Odisea
Grinor Rojo
El escritor chileno y erudito del helenismo presenta este libro sobre el poema del griego Nikos Kazantzakis, que relata la vida de Ulises después de su regreso a Itaca, su necesidad de aventura y su nuevo abandono del hogar.
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GRINOR ROJO
Que en Chile, donde según una encuesta reciente la inmensa mayoría de la población no lee ni un solo libro al año y donde el trabajo de o con la literatura coquetea a menudo con la farandulización más descarada, haya un neohelenista de los pergaminos de Miguel Castillo Didier no deja de ser paradójico. Es el gran traductor a la lengua española de lo mejor de esa literatura: traductor de Constantino Kavafis, Giorgos Seferis, Yanis Ritsos, de Odiseo Elytis y, también, desde luego, de Nikos Kazantzakis. No sólo eso. Además de su imponente "Un milenio de poesía griega" (2004), a lo largo de los años, sin ninguna bulla, Castillo Didier ha venido publicando una serie de trabajos de investigación dedicados a los autores de la nueva Grecia, trabajos que hoy y en cualquier sitio forman parte de la bibliografía referencial obligada sobre esa literatura de la que sus compatriotas poco y nada sabemos.
Odisea moderna
He escrito lo anterior para saludar el nuevo libro de Castillo Didier: "La Odisea en la Odisea. Estudios y ensayos sobre la Odisea de Kazantzakis". El poema de Kazantzakis es, como algunos saben, uno de los monumentos mayores de la literatura del siglo XX, compartiendo con el "Ulises" de Joyce el privilegio de ser uno de los dos textos cumbres entre los muchos escritos a partir de la obra de Homero durante la centuria que hace poco se nos fue. Kazantzakis, que lo consideraba como lo más valioso que hizo nunca, lo escribió y lo reescribió, según nos informa Castillo Didier, durante más de veinte años. Publicó una primera versión en 1924 y la definitiva en 1938, compuesta esa última "de 33.333 versos [Don Eleazar Huerta hubiese especulado de inmediato acerca de 'la magia del tres'] decaheptasílabos sin rima, impresos in folio, en ochocientas y tantas páginas en un volumen bastante difícil de levantar" (D. Nikolareizis).
Contiene ese volumen la contracara de la Odisea homérica. Si aquél es el poema del regreso a la casa, hasta el punto de que en la cultura de Occidente a la isla de Ulises se la suele confundir "con los sentimientos de la nostalgia, del amor a la tierra y al hogar, de la voluntad y la esperanza de volver al terruño", el de Kazantzakis es el del hastío de todo eso y de su abandono en pos de un peregrinaje esta vez "sin recompensa y sin esperanza". Ulises ha vuelto a Itaca, a un mal reencuentro con su familia y su pueblo, y decide echarse de nuevo a la mar. Inicia de este modo la serie de viajes descomunales que C. García Gual describe como los de "un Ulises inquieto, revolucionario, que rapta a Helena...; pasa por Esparta, Creta y Egipto; funda una sociedad igualitaria en África; se encuentra con figuras de hondo simbolismo y termina solitario, muriendo en los hielos del Antártico". Al cabo, como no han trepidado en señalarlo comentaristas múltiples, de Eliot a Auden y de Colin Wilson a Martín Centeno, el Ulises de Kazantzakis puede leerse bien como "aquel que podría acompañarlo en su travesía para encontrarles un sentido a la existencia y al mundo".
No tengo que decir que Miguel Castillo Didier no ha querido ofrecer en su propio libro una interpretación totalizadora y acabada de la gran obra de Nikos Kazantzakis. Se contenta el erudito chileno con seguirles la pista de unos cuantos personajes y temas homéricos, para ver qué ha hecho Kazantzakis con ellos: "Laertes, Penélope, Nausicaa, Circe, Helena y el perro Argos. Cuatro ensayos se dedican a Itaca, la Catábasis, Caronte y sus metamorfosis y el paso del tiempo en la Odisea". Mis preferencias van del lado de aquellos trabajos que hablan acerca de Itaca, la isla que Ulises abandona en realidad pero recobra obsesivamente en el recuerdo, el que se ocupa del perro Argos, "de fidelidad milenaria", y, por supuesto, el que habla de la bella Helena, quien como el propio Ulises se ahoga en "la chatura del hogar", anhelante de "aventura" y a la que el héroe no puede abstenerse de raptar por segunda vez. Pero Helena es irretenible, como bien lo sabemos todos los hombres, y Ulises la pierde, como antes la perdieran Menelao y Paris: "Ya vagas lejos en mi mente y te vas desvaneciendo, ¡oh, Odiseo!... En el cristal que tú me regalaste para saber mi destino,/ veo erguirse a mi diestra un bárbaro de barba blonda/ en nuestra tienda roja, y sostener a mi hijo./ Veo nueva tierra y mar ¡y tú, Ulises, has desaparecido!".
http://diario.elmercurio.com/2007/03/04/artes_y_letras/literatura/noticias/D6EC149F-F159-434B-8C41-E0B6AB696CD5.htm
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