La terapia de la palabra viene del therapeia griego, significando curar con la implicación en uno de los artes expresivos: danza, canción, poesía o drama. La poesía como terapia utiliza las técnicas tradicionales del ritmo — de la poesía, del sonido, de la metáfora, del etc. — pero el foco es la escritura de la persona. La poesía aficionada es solamente los medios a un extremo, por lo tanto, aunque importante, que es el crecimiento personal y conocimiento emocional con la expresión de uno mismo.
Discusión
El curativo entra en cada arte, en su aprecio y creación. Freud, Adler, Jung y otros siquiatras todo han aprendido de la penetración de poetas en funcionamientos inconscientes y los sus internos. El genio y la locura son cercano-aliados, un hecho reconocido en la escritura directa self-healing que se ha prescrito por siglos en el tratamiento del mentalmente enfermo. Tales acercamientos han recibido estudio serio solamente en los cincuenta años pasados o así pues, sin embargo, con las pautas publicadas, los cursos ofrecidos que conducen a la certificación en terapia de la poesía, y así sucesivamente. Los talleres de la poesía también tienen su dispersión del haber disturbado emocionalmente, como sus organizadores saben solamente demasiado bien, y debe ser admitido que un porcentaje significativo de buenos poetas necesita cuidado profesional a partir del tiempo al tiempo.
Quizás nadie está enteramente bien, no a los siquiatras o al emocionalmente honesto. Los artistas en detalle pueden manar alimentación de sus dificultades, quizás incluso las cuidan, de modo que los muchos diez de los millares que dan vuelta a la poesía como a medios de explorar las ediciones que son dolorosas y/o enterradas profundamente estén persiguiendo solamente las trayectorias que conducen al más grande de logros humanos. La poesía como forma de arte va más lejos. mucho más futuro. pero la poesía como terapia no debe ser desdeñada, uniforme por el poeta profesional. Abre las puertas de la creatividad, y se prescribe siempre en cursos de beginner.s.. Sostiene a escritor chevronné con el penury y la decepción del rechazamiento se desliza. Y ayuda al escritor serio a no perder tacto con ser íntimo, que es el desastre más grande, que ninguna cantidad de habilidad o de profesionalismo puede ocultar.
Puntos a considerar
Los lectores bajo cuidado profesional deben seguir acoplamientos en la página de los recursos. El caminar herido puede tener gusto de recordar:
Los talleres en poesía como terapia no son un curso con calificar y crítica. El énfasis está en la expresión de uno mismo, la exploración y el descubrimiento.
Usted conseguirá la mayoría del taller escribiéndose, pero incluso entrado como discusión es provechoso.
Un poema se elige generalmente para la discusión que expresa la emoción dominante del grupo. El escritor y los oyentes ganan fuerza de explorar problemas comunes. Para dar miedos y emociones una cierta forma concreta es ya comenzar a dominarlas.
El contenido viene primero. Las ciertos palabras y ritmos se presentan naturalmente cuando hablamos del corazón, y este valor es a menudo todo el que es necesario conseguir ir de la escritura.
No se pierde nada en tales talleres. Los talleres técnicos pueden salir de sensaciones muy mezcladas, pero las revelaciones simples de nuestra humanidad común en terapia son cosas que nos olvidamos nunca absolutamente.
http://www.poetrymagic.co.uk/therapy.html
sábado, 17 de febrero de 2007
viernes, 16 de febrero de 2007
Günter Grass
Günter Grass avoue avoir été SS
A 78 ans, le prix Nobel de littérature avoue dans son autobiographie et dans une interview avoir fait partie pendant la Seconde guerre mondiale du corps d'élite nazi des Waffen SS.
Une confession du célèbre écrivain bien tardive selon l'opinion allemande.
L'ancien président polonais, Lech Walesa, voudrait qu'il rende sa distinction de citoyen d'honneur de la ville polonaise de Gdansk, ex-Dantzig.
Jusqu'ici, Günter Grass, prix Nobel de la littérature 1999, né en 1927 à Gdansk, anciennement Danzig, affirmait seulement avoir fait partie de la défense antiaérienne en 1944 avant d'être fait prisonnier par les Américains jusqu'en 1946. Dans un entretien accordé samedi au quotidien Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), il a finalement confié avoir été membre de la division "Frundsberg" de la terrible unité d'élite du régime nazi des Waffen-SS, dans les derniers mois de la guerre. Il avait alors 17 ans.
L'écrivain révèle dans un "livre souvenirs" (sortie mercredi - "Beim Häuten der Zwiebel", soit "En épluchant les oignons"), son expérience de la Seconde guerre mondiale. "Mon silence, au fil de toutes ces années, est l'une des raisons pour lesquelles j'ai écrit ce livre. Cela devait finir par émerger", dit-il dans l'interview.
"C'était avant tout un moyen de sortir ce trou"
A la fin de la guerre, Grass était devenu un militant pacifiste de premier plan. Il dit s'être porté volontaire dans l'armée comme moyen pour rompre avec sa famille et son lieu de vie. "Pour moi, c'était avant tout un moyen de sortir de là. De ce trou, de ma famille", dit-il au FAZ. "Je voulais mettre fin à cette situation et c'est pourquoi je me suis fait enrôler dans l'armée".
"Il en était ainsi pour beaucoup d'hommes de ma génération", ajoute-t-il. "Nous servions dans l'armée et soudain, un an plus tard, l'ordre d'intégration était sur la table. Et alors j'ai compris, probablement pas avant d'être à Dresde, que c'était les Waffen-SS".
Vive émotion en Allemagne
L'écrivain proche de l'ancien chancelier Willy Brandt a suscité une vive émotion en Allemagne et dans les pays voisins. Dans une interview accordée au quotidien à grand tirage Bild Zeitung, paru lundi, le prix Nobel de la paix Lech Walesa a demandé à l'écrivain allemand de rendre sa distinction de citoyen d'honneur de la ville polonaise de Gdansk, ex-Dantzig, où vivait avant-guerre une forte communauté allemande et qui avait servi de prétexte aux nazis pour attaquer la Pologne en 1939. "Si l'on avait su qu'il était dans la SS, il n'aurait pas reçu cette distinction. Le mieux serait qu'il y renonce de lui-même".
L'écrivain s'est dit personnellement blessé par ces critiques. "Il y a certainement là une tentative de certains pour faire de moi une persona non grata. J'ai eu à sentir sur moi, soixante ans durant, cette souillure, et je l'ai éprouvée comme une souillure, et j'ai essayé d'en tirer les conséquences. Et cela a correspondu à mon comportement par la suite en tant qu'écrivain et en tant que citoyen", a déclaré Günter Grass ce lundi.
D'après AFP
Traducción Altavista
Günter Grass reconoce haber sido...
A 78 años, el Premio Nobel de literatura reconoce en su autobiografía y en una entrevista haber formado parte durante la Segunda Guerra Mundial del cuerpo de élite nazi del Waffen.
Una confesión del famoso escritor bien tardía según la opinión alemana.
El antiguo Presidente polaco, Lech Walesa, querría que volviera su distinción de ciudadano de honor de la ciudad polaca de Gdansk, exdantzig.
Hasta ahora, Günter Grass, Premio Nobel de la literatura 1999, nacido en 1927 a Gdansk, antiguamente Danzig, afirmaba solamente haber formado parte de la defensa antiaérea en 1944 antes de ser hecho a preso por los Americanos hasta 1946. En una entrevista concedida al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), finalmente confió haber sido miembro de la división "Frundsberg" de la terrible unidad de élite del régimen nazi del Waffen-SS, en los últimos meses de la guerra. Tenía entonces 17 años.
El escritor revela en un "libro recuerdos" (salida miércoles - "Beim Häuten DER Zwiebel", sea "pelando las cebollas"), su experiencia de la Segunda Guerra Mundial. "Mi silencio, al compás de todos estos años, es una de las razones para las cuales escribí este libro."Eso debía terminar por surgir", dicho en la entrevista."
"era un medio sobre todo de sacar este agujero"
Al final de la guerra, Grass se había vuelto un militante pacifista de primer plan. Dice haberse llevado voluntario en el ejército como medio para romperse con su familia y su lugar de vida. "Para mi, era un medio sobre todo de salir de allí." Por este agujero, de mi familia ", dicho al FAZ." "quería poner fin a esta situación y por eso me hice recrutar en el ejército".
"era así para muchos hombres de mi generación", añade. "Servíamos en el ejército y súbito, un año más tarde, el orden de integración estaba sobre la mesa." Y entonces comprendí, probablemente no antes de ser en Dresde, que era los - Párrafos waffen SS"
Viva emoción en Alemania
El escritor próximo al antiguo canciller Willy Brandt suscitó una viva emoción en Alemania y en los países vecinos.
En una entrevista concedida al diario de gran tirada Bild Zeitung, parecida lunes, el Premio Nobel de la paz Lech Walesa pidió al escritor alemán volver su distinción de ciudadano de honor de la ciudad polaca de Gdansk, exdantzig, donde vivía anteguerra una fuerte comunidad alemana y que había servido de pretexto a los nazis para atacar Polonia en 1939. "Si se hubiera sabido que estaba en el SS, no habría recibido esta distinción. Mejor sería que hay de sí mismo ".
El escritor se dijo personalmente herido por estas críticas. "Hay ciertamente allí una tentativa de algunos para hacer de mi a una persona non grata. He tenido que sentir sobre mi, sesenta años durante, esta mancha, y la probé como una mancha, e intenté sacar las consecuencias. Y eso correspondió a mi comportamiento más tarde como escritor y como ciudadano ", ha declarado Günter Grass.
http://tf1.lci.fr/infos/monde/0,,3323458,00-gunter-grass-avoue-avoir-ete-.html
A 78 ans, le prix Nobel de littérature avoue dans son autobiographie et dans une interview avoir fait partie pendant la Seconde guerre mondiale du corps d'élite nazi des Waffen SS.
Une confession du célèbre écrivain bien tardive selon l'opinion allemande.
L'ancien président polonais, Lech Walesa, voudrait qu'il rende sa distinction de citoyen d'honneur de la ville polonaise de Gdansk, ex-Dantzig.
Jusqu'ici, Günter Grass, prix Nobel de la littérature 1999, né en 1927 à Gdansk, anciennement Danzig, affirmait seulement avoir fait partie de la défense antiaérienne en 1944 avant d'être fait prisonnier par les Américains jusqu'en 1946. Dans un entretien accordé samedi au quotidien Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), il a finalement confié avoir été membre de la division "Frundsberg" de la terrible unité d'élite du régime nazi des Waffen-SS, dans les derniers mois de la guerre. Il avait alors 17 ans.
L'écrivain révèle dans un "livre souvenirs" (sortie mercredi - "Beim Häuten der Zwiebel", soit "En épluchant les oignons"), son expérience de la Seconde guerre mondiale. "Mon silence, au fil de toutes ces années, est l'une des raisons pour lesquelles j'ai écrit ce livre. Cela devait finir par émerger", dit-il dans l'interview.
"C'était avant tout un moyen de sortir ce trou"
A la fin de la guerre, Grass était devenu un militant pacifiste de premier plan. Il dit s'être porté volontaire dans l'armée comme moyen pour rompre avec sa famille et son lieu de vie. "Pour moi, c'était avant tout un moyen de sortir de là. De ce trou, de ma famille", dit-il au FAZ. "Je voulais mettre fin à cette situation et c'est pourquoi je me suis fait enrôler dans l'armée".
"Il en était ainsi pour beaucoup d'hommes de ma génération", ajoute-t-il. "Nous servions dans l'armée et soudain, un an plus tard, l'ordre d'intégration était sur la table. Et alors j'ai compris, probablement pas avant d'être à Dresde, que c'était les Waffen-SS".
Vive émotion en Allemagne
L'écrivain proche de l'ancien chancelier Willy Brandt a suscité une vive émotion en Allemagne et dans les pays voisins. Dans une interview accordée au quotidien à grand tirage Bild Zeitung, paru lundi, le prix Nobel de la paix Lech Walesa a demandé à l'écrivain allemand de rendre sa distinction de citoyen d'honneur de la ville polonaise de Gdansk, ex-Dantzig, où vivait avant-guerre une forte communauté allemande et qui avait servi de prétexte aux nazis pour attaquer la Pologne en 1939. "Si l'on avait su qu'il était dans la SS, il n'aurait pas reçu cette distinction. Le mieux serait qu'il y renonce de lui-même".
L'écrivain s'est dit personnellement blessé par ces critiques. "Il y a certainement là une tentative de certains pour faire de moi une persona non grata. J'ai eu à sentir sur moi, soixante ans durant, cette souillure, et je l'ai éprouvée comme une souillure, et j'ai essayé d'en tirer les conséquences. Et cela a correspondu à mon comportement par la suite en tant qu'écrivain et en tant que citoyen", a déclaré Günter Grass ce lundi.
D'après AFP
Traducción Altavista
Günter Grass reconoce haber sido...
A 78 años, el Premio Nobel de literatura reconoce en su autobiografía y en una entrevista haber formado parte durante la Segunda Guerra Mundial del cuerpo de élite nazi del Waffen.
Una confesión del famoso escritor bien tardía según la opinión alemana.
El antiguo Presidente polaco, Lech Walesa, querría que volviera su distinción de ciudadano de honor de la ciudad polaca de Gdansk, exdantzig.
Hasta ahora, Günter Grass, Premio Nobel de la literatura 1999, nacido en 1927 a Gdansk, antiguamente Danzig, afirmaba solamente haber formado parte de la defensa antiaérea en 1944 antes de ser hecho a preso por los Americanos hasta 1946. En una entrevista concedida al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ), finalmente confió haber sido miembro de la división "Frundsberg" de la terrible unidad de élite del régimen nazi del Waffen-SS, en los últimos meses de la guerra. Tenía entonces 17 años.
El escritor revela en un "libro recuerdos" (salida miércoles - "Beim Häuten DER Zwiebel", sea "pelando las cebollas"), su experiencia de la Segunda Guerra Mundial. "Mi silencio, al compás de todos estos años, es una de las razones para las cuales escribí este libro."Eso debía terminar por surgir", dicho en la entrevista."
"era un medio sobre todo de sacar este agujero"
Al final de la guerra, Grass se había vuelto un militante pacifista de primer plan. Dice haberse llevado voluntario en el ejército como medio para romperse con su familia y su lugar de vida. "Para mi, era un medio sobre todo de salir de allí." Por este agujero, de mi familia ", dicho al FAZ." "quería poner fin a esta situación y por eso me hice recrutar en el ejército".
"era así para muchos hombres de mi generación", añade. "Servíamos en el ejército y súbito, un año más tarde, el orden de integración estaba sobre la mesa." Y entonces comprendí, probablemente no antes de ser en Dresde, que era los - Párrafos waffen SS"
Viva emoción en Alemania
El escritor próximo al antiguo canciller Willy Brandt suscitó una viva emoción en Alemania y en los países vecinos.
En una entrevista concedida al diario de gran tirada Bild Zeitung, parecida lunes, el Premio Nobel de la paz Lech Walesa pidió al escritor alemán volver su distinción de ciudadano de honor de la ciudad polaca de Gdansk, exdantzig, donde vivía anteguerra una fuerte comunidad alemana y que había servido de pretexto a los nazis para atacar Polonia en 1939. "Si se hubiera sabido que estaba en el SS, no habría recibido esta distinción. Mejor sería que hay de sí mismo ".
El escritor se dijo personalmente herido por estas críticas. "Hay ciertamente allí una tentativa de algunos para hacer de mi a una persona non grata. He tenido que sentir sobre mi, sesenta años durante, esta mancha, y la probé como una mancha, e intenté sacar las consecuencias. Y eso correspondió a mi comportamiento más tarde como escritor y como ciudadano ", ha declarado Günter Grass.
http://tf1.lci.fr/infos/monde/0,,3323458,00-gunter-grass-avoue-avoir-ete-.html
El Delirio Sin Freno De Lovegraft
El delirio sin freno de Lovecraft
En marzo se cumplirán 70 años de la muerte de H. P. Lovecraft, creador de una cosmogonía ficcional que desplegó en más de un centenar de cuentos y novelas breves. Aquí, el retrato de un innovador del género de terror y de la literatura fantástica.
MARCOS MAYER.
cultural@clarin.com
"Sin embargo, todo razonamiento lógico parecía derrumbarse ante aquella ciclópea masa de bloques de piedra cuadrados, curvados y angulados. Era, evidentemente, la ciudad del espejismo convertida en objetiva e ineludible realidad". El párrafo pertenece a En las montañas de la locura, tal vez el más ambicioso de los relatos de Howard Phillips Lovecraft, de cuya muerte se cumplirán 70 años en marzo próximo, lo cual, con su obra dentro del dominio público, alimentará aún más su mito, que ha tenido muy pocos retrocesos en este más de medio siglo.
Terrores arcaicos
El párrafo es revelador de un estilo absolutamente típico y personal que sumó en partes iguales imaginación, delirios y adjetivos. Ese modo de escribir en el que abundan los arcaísmos (por ejemplo, escribir logick o magick, manteniendo la grafía antigua), las hipérboles y sobre todo una suma de calificativos que hablan de lo que no puede decirse (inefable, inenarrable) tiene varios orígenes posibles. Por de pronto hay que saber que Lovecraft tiene el privilegio de haber sido el único escritor del siglo XX en haber intentado fundar una cosmogonía.
Según lo que se recorre en el más de un centenar de cuentos y novelas cortas escritas por él y luego por sus seguidores, antes de la aparición de cualquier forma de vida sobre la Tierra, el planeta estuvo habitado por distintas razas de extraterrestres (los Profundos, los Antiguos, la Gran Raza). Esos seres no sólo han dejado restos arqueológicos de su presencia (por ejemplo en la Antártida) sino que reaparecen ayudados, generalmente de manera involuntaria, por seres humanos. Esa presencia estaría en la base de los cultos satánicos, de la brujería y de otras prácticas esotéricas que adquirirían así un sentido nuevo. Lovecraft lleva esta apuesta narrativa un poco más lejos. Por de pronto, plantear que lo humano es por completo ajeno a ese mundo. Escribe en una carta: "La tradición nada significa en términos cósmicos salvo una protección en contra de la sensación de desorientación en el tiempo y espacio sin fin".
Esos monstruos a los que no puede describirse sino como lo informe y lo inabarcable, carecen de valores asimilables a lo humano, por lo tanto no hay manera de comprender sus propósitos por lo que no queda otro camino que temerles o entregarse a ellos. La otra salida es la locura, la gran acechanza en los relatos de Lovecraft, cuyo narrador suele aparecer en la situación de dar testimonio de lo experimentado antes del naufragio definitivo de sus facultades mentales. Junto a esta eliminación de la dimensión ética de lo monstruoso, se vale de una idea de lo verosímil de cuño anglosajón: algo es cierto en la medida en que no pueda demostrarse su falsedad. Todo esto apoyado en una explosión científica de la primera mitad del siglo XX —la física cuántica, las teorías de Einstein— que pone en tela de juicio las viejas ideas acerca de los fundamentos del universo y que Lovecraft no sólo parece conocer en profundidad sino que incorpora como referencia permanente de sus textos.
Los límites de la locura
Si bien abundan las sospechas sobre la salud mental de Lovecraft, lo cierto es que siempre mantuvo esta cosmogonía dentro de los límites de lo ficcional, lo que le permitió además, generar una serie de referencias ficticias que van desde las pinturas y esculturas de Clark Ashton Smith, realizadas en verdad para ilustrar sus relatos y no los textos sagrados de sus criaturas, hasta libros apócrifos cuyo ejemplo más célebre es el Necronomicon, escrito por el "árabe loco" Abdul Alhazred, quien vivió en Yemen en el siglo VIII. El mismo Lovecraft revela que "hay una edición del siglo XVII en la Widener Library de Harvard y en la Biblioteca de la Miskatonic University en Arkham; y también en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires". Es una leyenda urbana que cada tanto alguien pide consultar este libro en alguna universidad norteamericana. Esta lista de poseedores del libro incluye, por supuesto, una pista falsa: no existe la ciudad de Arkham y tampoco la Miskatonic University, pese a tener un sitio en la web con himno propio. Por su parte, Arkham y sus alrededores parecen un paralelo en tono fantástico del ficticio condado de Yoknapatawpha, que aparece en las novelas de William Faulkner y que sirvió de inspiración a la Santa María de Onetti y al Macondo de García Márquez.
Extrañamente, la mezcla de referencias verdaderas y falsas abre la posibilidad del delirio sin freno, elemento en cual algunos han visto el valor mayor de Lovecraft y otros su costado más vulnerable. En la aventura literaria de este escritor de Providence en Nueva Inglaterra, que vivía con las persianas cerradas y que alguna vez fue ghost writer del escapista Harry Houdini, hay costados cuyo destino es casi una acusación.
En toda cosmogonía (y el peronismo es un buen ejemplo al respecto) se necesita un estilo fijo y una multitud de apóstoles. Durante su vida, y mucho más después de su muerte, un grupo de escritores se dedicó a seguir las líneas de esta suma inagotable de leyendas apócrifas. Ninguno de ellos salió de la sombra protectora de su maestro, ni siquiera Robert Bloch quien hubiera podido seguir otro camino luego de que Alfred Hitchcock convirtiera en una obra maestra su muy discreta novela Psicosis. Tampoco August Derleth, el más ortodoxo de sus epígonos y quien dio orden a las mitologías dispersas en sus relatos.
A la mediocridad de su descendencia literaria, se puede llegar a sumar el rechazo que podrían generar sus ideas políticas. El propio Derleth admite en La lámpara de Alzared —un cuento en homenaje a Lovecraft— que su siglo favorito era el dieciocho y que consideraba a la independencia norteamericana como el comienzo de la decadencia de su país. A esto se agrega su simpatía moderada por Hitler (abandonada muy pronto) y una adhesión abierta a Mussolini que lo llevó a plantear en La sombra fuera del tiempo que "el sistema político y económico de la Gran Raza era una especie de socialismo fascista, con los recursos más indispensables distribuidos racionalmente y el poder delegado en un reducido consejo de gobernadores elegidos por los votos de todos aquellos que pasaban con éxito determinados tests educativos y psicológicos". En ese mismo texto se habla de eugenesia. Y, finalmente, ni siquiera sus seguidores más devotos saben cómo exculpar su racismo. "Creo que su racismo es decepcionante no sólo porque lo expresaba con tanta frecuencia en sus textos y sus cartas, sino porque fue un área en la que se rehusó a modificar su pensamiento ante nuevos argumentos", acepta S.T. Joshi, su principal editor actual y anotador de su obra.
Cosmogonías con colores psicodélicos
Aun así, fue a la vez admirado y execrado por Borges (ver recuadro) y es una influencia permanente de ciertas zonas de la cultura popular norteamericana que incluyen nombres como Stephen King, Clive Baker o Ridley Scott, además de escritores de ciencia ficción que siguieron su idea de las cosmogonías alienígenas como Jack Vance o Samuel Delaney. Y es parte esencial del gótico americano. Tal vez a esto colabore su biografía, que tiene esos costados freaks tan al uso de estos tiempos.
H. P. Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, capital del Estado de Rhode Island, el más pequeño de los Estados Unidos, y la genealogía de su madre podía rastrearse hasta el "Mayflower", pero que se empeñaba en tratar de convencerlo que era feo y que no debía jugar con niños de clases inferiores. Además, lo obligó a llevar bucles hasta los seis años.
Cuando Lovecraft tenía tres años, su padre sufrió una crisis nerviosa (que muchos adjudican a la sífilis), lo que obligó a que lo internaran en el Centro Psiquiátrico de Providence, de donde entró y salió hasta su muerte.
Lovecraft fue un niño prodigio: recitaba poesía a los dos años, leía a los tres y empezó a escribir a los seis. Su pasión por las novelas policiales lo llevó a fundar la "Agencia de detectives de Providence" a los trece años, al tiempo que devoraba los libros de la biblioteca de su abuelo materno.
No asistió al colegio hasta los ocho años y tuvo que dejarlo después de un año por problemas de salud. La muerte de su madre en 1921 lo llevó a la bancarrota, lo que hizo que encontrara en la escritura —muchas veces por encargo— una forma de ganarse la vida. Tras un fracasado matrimonio con una mujer siete años mayor, se instaló en casa de sus tías y descubrió el placer de los paseos nocturnos por el bosque. No soportaba las temperaturas inferiores a los 20 grados. Murió de cáncer intestinal.
Su momento de mayor éxito fue en los 70, incluso en la Argentina. En el que quizás sea su relato más sorprendente: El color que cayó del cielo, aquí se exige al lector imaginar un color que no existe en el espectro (del mismo modo que en algún relato se debe reconstruir cómo es el "olor a reptil"). Un universo de sensaciones desconocidas en En las montañas de la locura se dice que "aquellas masas viscosas eran sin duda lo que Abdul Alhazred calificó de ''Shoggoths'' en su espantoso Necronomicon, aunque ni siquiera aquel árabe loco intuyó su existencia sobre la tierra, excepto en los sueños de los que habían masticado cierta hierba alcaloide". Tal vez sea un exceso interpretativo asociar la pérdida de color que narra Yellow Submarine (la película emblemática de la psicodelia) con ese color que no se sabe cómo imaginar. Pero sin dudas puede leerse a Lovecraft en una clave alucinada como si en él la locura controlada fuera un sucedáneo y un antecedente del LSD, lo que explicaría la empatía de época con que fue consumido (por no decir devorado) en aquellos tiempos previos a la decepción acerca de las posibilidades ilimitadas —química o no de por medio— de la imaginación.
El último avatar registrado del fenómeno Lovecraft es un libro de Michel Houllebecq, Lovecraft, contra el mundo, contra la vida, publicado en Francia en 1999 y aparecido en español en 2005, donde sostiene, luego de compararlo con Lautreamont y Kant, que "crear un gran mito popular es crear un ritual que el lector espera con impaciencia y al que puede volver con un placer cada vez mayor, seducido en cada ocasión por una repetición diferente de los términos, apenas modificados de forma tan imperceptible que le permiten calar en nuevas profundidades de la experiencia". Puede que sea tiempo de redescubrir esas profundidades.
La mirada de Borges
Aunque algún crítico lovecraftiano haya exagerado al comparar la invención del Aleph con las criaturas fantásticas del autor de los Mitos de Cthulhu, sin dudas un artefacto como el Necronomicon no podía sino fascinar a Borges, quien en una carta de 1937, año de la muerte de Lovecraft, decía: "Aquel Howard era, en cierta medida, como yo. Tras esos cuentecillos de ciencia ficción, tan bellamente escritos, se ocultaba un hombre preocupado por el tiempo, por la Eternidad". Ese entusiasmo se iría apagando y en sus notas sobre literatura norteamericana se habla mucho más de la biografía de Lovecraft que de su obra, algo en parte lógico si uno piensa en la abundancia de adjetivos enfáticos de sus relatos. El episodio último de esta difícil relación se da en El libro de arena de 1973, en cuyo posfacio, Borges afirma: "El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder: el lamentable fruto se titula There are more things". Más allá de lo lapidario del juicio y de lo desganado del cuento, se trata de un homenaje a alguien cuya lectura atravesó el tiempo e incluso ciertos displaceres para convertirse en una de las inspiraciones borgeanas.
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/01/27/u-01352193.htm
En marzo se cumplirán 70 años de la muerte de H. P. Lovecraft, creador de una cosmogonía ficcional que desplegó en más de un centenar de cuentos y novelas breves. Aquí, el retrato de un innovador del género de terror y de la literatura fantástica.
MARCOS MAYER.
cultural@clarin.com
"Sin embargo, todo razonamiento lógico parecía derrumbarse ante aquella ciclópea masa de bloques de piedra cuadrados, curvados y angulados. Era, evidentemente, la ciudad del espejismo convertida en objetiva e ineludible realidad". El párrafo pertenece a En las montañas de la locura, tal vez el más ambicioso de los relatos de Howard Phillips Lovecraft, de cuya muerte se cumplirán 70 años en marzo próximo, lo cual, con su obra dentro del dominio público, alimentará aún más su mito, que ha tenido muy pocos retrocesos en este más de medio siglo.
Terrores arcaicos
El párrafo es revelador de un estilo absolutamente típico y personal que sumó en partes iguales imaginación, delirios y adjetivos. Ese modo de escribir en el que abundan los arcaísmos (por ejemplo, escribir logick o magick, manteniendo la grafía antigua), las hipérboles y sobre todo una suma de calificativos que hablan de lo que no puede decirse (inefable, inenarrable) tiene varios orígenes posibles. Por de pronto hay que saber que Lovecraft tiene el privilegio de haber sido el único escritor del siglo XX en haber intentado fundar una cosmogonía.
Según lo que se recorre en el más de un centenar de cuentos y novelas cortas escritas por él y luego por sus seguidores, antes de la aparición de cualquier forma de vida sobre la Tierra, el planeta estuvo habitado por distintas razas de extraterrestres (los Profundos, los Antiguos, la Gran Raza). Esos seres no sólo han dejado restos arqueológicos de su presencia (por ejemplo en la Antártida) sino que reaparecen ayudados, generalmente de manera involuntaria, por seres humanos. Esa presencia estaría en la base de los cultos satánicos, de la brujería y de otras prácticas esotéricas que adquirirían así un sentido nuevo. Lovecraft lleva esta apuesta narrativa un poco más lejos. Por de pronto, plantear que lo humano es por completo ajeno a ese mundo. Escribe en una carta: "La tradición nada significa en términos cósmicos salvo una protección en contra de la sensación de desorientación en el tiempo y espacio sin fin".
Esos monstruos a los que no puede describirse sino como lo informe y lo inabarcable, carecen de valores asimilables a lo humano, por lo tanto no hay manera de comprender sus propósitos por lo que no queda otro camino que temerles o entregarse a ellos. La otra salida es la locura, la gran acechanza en los relatos de Lovecraft, cuyo narrador suele aparecer en la situación de dar testimonio de lo experimentado antes del naufragio definitivo de sus facultades mentales. Junto a esta eliminación de la dimensión ética de lo monstruoso, se vale de una idea de lo verosímil de cuño anglosajón: algo es cierto en la medida en que no pueda demostrarse su falsedad. Todo esto apoyado en una explosión científica de la primera mitad del siglo XX —la física cuántica, las teorías de Einstein— que pone en tela de juicio las viejas ideas acerca de los fundamentos del universo y que Lovecraft no sólo parece conocer en profundidad sino que incorpora como referencia permanente de sus textos.
Los límites de la locura
Si bien abundan las sospechas sobre la salud mental de Lovecraft, lo cierto es que siempre mantuvo esta cosmogonía dentro de los límites de lo ficcional, lo que le permitió además, generar una serie de referencias ficticias que van desde las pinturas y esculturas de Clark Ashton Smith, realizadas en verdad para ilustrar sus relatos y no los textos sagrados de sus criaturas, hasta libros apócrifos cuyo ejemplo más célebre es el Necronomicon, escrito por el "árabe loco" Abdul Alhazred, quien vivió en Yemen en el siglo VIII. El mismo Lovecraft revela que "hay una edición del siglo XVII en la Widener Library de Harvard y en la Biblioteca de la Miskatonic University en Arkham; y también en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires". Es una leyenda urbana que cada tanto alguien pide consultar este libro en alguna universidad norteamericana. Esta lista de poseedores del libro incluye, por supuesto, una pista falsa: no existe la ciudad de Arkham y tampoco la Miskatonic University, pese a tener un sitio en la web con himno propio. Por su parte, Arkham y sus alrededores parecen un paralelo en tono fantástico del ficticio condado de Yoknapatawpha, que aparece en las novelas de William Faulkner y que sirvió de inspiración a la Santa María de Onetti y al Macondo de García Márquez.
Extrañamente, la mezcla de referencias verdaderas y falsas abre la posibilidad del delirio sin freno, elemento en cual algunos han visto el valor mayor de Lovecraft y otros su costado más vulnerable. En la aventura literaria de este escritor de Providence en Nueva Inglaterra, que vivía con las persianas cerradas y que alguna vez fue ghost writer del escapista Harry Houdini, hay costados cuyo destino es casi una acusación.
En toda cosmogonía (y el peronismo es un buen ejemplo al respecto) se necesita un estilo fijo y una multitud de apóstoles. Durante su vida, y mucho más después de su muerte, un grupo de escritores se dedicó a seguir las líneas de esta suma inagotable de leyendas apócrifas. Ninguno de ellos salió de la sombra protectora de su maestro, ni siquiera Robert Bloch quien hubiera podido seguir otro camino luego de que Alfred Hitchcock convirtiera en una obra maestra su muy discreta novela Psicosis. Tampoco August Derleth, el más ortodoxo de sus epígonos y quien dio orden a las mitologías dispersas en sus relatos.
A la mediocridad de su descendencia literaria, se puede llegar a sumar el rechazo que podrían generar sus ideas políticas. El propio Derleth admite en La lámpara de Alzared —un cuento en homenaje a Lovecraft— que su siglo favorito era el dieciocho y que consideraba a la independencia norteamericana como el comienzo de la decadencia de su país. A esto se agrega su simpatía moderada por Hitler (abandonada muy pronto) y una adhesión abierta a Mussolini que lo llevó a plantear en La sombra fuera del tiempo que "el sistema político y económico de la Gran Raza era una especie de socialismo fascista, con los recursos más indispensables distribuidos racionalmente y el poder delegado en un reducido consejo de gobernadores elegidos por los votos de todos aquellos que pasaban con éxito determinados tests educativos y psicológicos". En ese mismo texto se habla de eugenesia. Y, finalmente, ni siquiera sus seguidores más devotos saben cómo exculpar su racismo. "Creo que su racismo es decepcionante no sólo porque lo expresaba con tanta frecuencia en sus textos y sus cartas, sino porque fue un área en la que se rehusó a modificar su pensamiento ante nuevos argumentos", acepta S.T. Joshi, su principal editor actual y anotador de su obra.
Cosmogonías con colores psicodélicos
Aun así, fue a la vez admirado y execrado por Borges (ver recuadro) y es una influencia permanente de ciertas zonas de la cultura popular norteamericana que incluyen nombres como Stephen King, Clive Baker o Ridley Scott, además de escritores de ciencia ficción que siguieron su idea de las cosmogonías alienígenas como Jack Vance o Samuel Delaney. Y es parte esencial del gótico americano. Tal vez a esto colabore su biografía, que tiene esos costados freaks tan al uso de estos tiempos.
H. P. Lovecraft nació el 20 de agosto de 1890 en Providence, capital del Estado de Rhode Island, el más pequeño de los Estados Unidos, y la genealogía de su madre podía rastrearse hasta el "Mayflower", pero que se empeñaba en tratar de convencerlo que era feo y que no debía jugar con niños de clases inferiores. Además, lo obligó a llevar bucles hasta los seis años.
Cuando Lovecraft tenía tres años, su padre sufrió una crisis nerviosa (que muchos adjudican a la sífilis), lo que obligó a que lo internaran en el Centro Psiquiátrico de Providence, de donde entró y salió hasta su muerte.
Lovecraft fue un niño prodigio: recitaba poesía a los dos años, leía a los tres y empezó a escribir a los seis. Su pasión por las novelas policiales lo llevó a fundar la "Agencia de detectives de Providence" a los trece años, al tiempo que devoraba los libros de la biblioteca de su abuelo materno.
No asistió al colegio hasta los ocho años y tuvo que dejarlo después de un año por problemas de salud. La muerte de su madre en 1921 lo llevó a la bancarrota, lo que hizo que encontrara en la escritura —muchas veces por encargo— una forma de ganarse la vida. Tras un fracasado matrimonio con una mujer siete años mayor, se instaló en casa de sus tías y descubrió el placer de los paseos nocturnos por el bosque. No soportaba las temperaturas inferiores a los 20 grados. Murió de cáncer intestinal.
Su momento de mayor éxito fue en los 70, incluso en la Argentina. En el que quizás sea su relato más sorprendente: El color que cayó del cielo, aquí se exige al lector imaginar un color que no existe en el espectro (del mismo modo que en algún relato se debe reconstruir cómo es el "olor a reptil"). Un universo de sensaciones desconocidas en En las montañas de la locura se dice que "aquellas masas viscosas eran sin duda lo que Abdul Alhazred calificó de ''Shoggoths'' en su espantoso Necronomicon, aunque ni siquiera aquel árabe loco intuyó su existencia sobre la tierra, excepto en los sueños de los que habían masticado cierta hierba alcaloide". Tal vez sea un exceso interpretativo asociar la pérdida de color que narra Yellow Submarine (la película emblemática de la psicodelia) con ese color que no se sabe cómo imaginar. Pero sin dudas puede leerse a Lovecraft en una clave alucinada como si en él la locura controlada fuera un sucedáneo y un antecedente del LSD, lo que explicaría la empatía de época con que fue consumido (por no decir devorado) en aquellos tiempos previos a la decepción acerca de las posibilidades ilimitadas —química o no de por medio— de la imaginación.
El último avatar registrado del fenómeno Lovecraft es un libro de Michel Houllebecq, Lovecraft, contra el mundo, contra la vida, publicado en Francia en 1999 y aparecido en español en 2005, donde sostiene, luego de compararlo con Lautreamont y Kant, que "crear un gran mito popular es crear un ritual que el lector espera con impaciencia y al que puede volver con un placer cada vez mayor, seducido en cada ocasión por una repetición diferente de los términos, apenas modificados de forma tan imperceptible que le permiten calar en nuevas profundidades de la experiencia". Puede que sea tiempo de redescubrir esas profundidades.
La mirada de Borges
Aunque algún crítico lovecraftiano haya exagerado al comparar la invención del Aleph con las criaturas fantásticas del autor de los Mitos de Cthulhu, sin dudas un artefacto como el Necronomicon no podía sino fascinar a Borges, quien en una carta de 1937, año de la muerte de Lovecraft, decía: "Aquel Howard era, en cierta medida, como yo. Tras esos cuentecillos de ciencia ficción, tan bellamente escritos, se ocultaba un hombre preocupado por el tiempo, por la Eternidad". Ese entusiasmo se iría apagando y en sus notas sobre literatura norteamericana se habla mucho más de la biografía de Lovecraft que de su obra, algo en parte lógico si uno piensa en la abundancia de adjetivos enfáticos de sus relatos. El episodio último de esta difícil relación se da en El libro de arena de 1973, en cuyo posfacio, Borges afirma: "El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder: el lamentable fruto se titula There are more things". Más allá de lo lapidario del juicio y de lo desganado del cuento, se trata de un homenaje a alguien cuya lectura atravesó el tiempo e incluso ciertos displaceres para convertirse en una de las inspiraciones borgeanas.
http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/01/27/u-01352193.htm
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jueves, 15 de febrero de 2007
Erotismo Literario
Lo erótico visual se impone a la literatura
Escritores del género señalan que esta corriente tiene exponentes clásicos pero pocos contemporáneos; novelas como la de Bataille forman parte de una literatura erótica que tiene exponentes clásicos y pocos narradores contemporáneos
Yanet Aguilar Sosa
El Universal
Miércoles 14 de febrero de 2007
Si el amor se huele, el erotismo se vibra. Tal como lo recrea Georges Bataille en Madame Edwarda cuando dice: "Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin, me arrodillé; titubeando, puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos".
Novelas como la de Bataille forman parte de una literatura erótica que tiene exponentes clásicos y pocos narradores contemporáneos.
Con un lugar especial en las librerías, esta escritura se nutre de temas fundamentales como el deseo, que para el escritor Alberto Ruy Sánchez es el motor de la vida. "Es una dimensión central que atañe a la literatura en su investigación sobre la naturaleza de los humanos y cómo se relacionan, se piensan, se imaginan, se atraen o se repelen".
La novela erótica indaga en la seducción, las sensaciones a flor de piel, los divertimentos, el sexo, la inteligencia y la imaginación.
Sin embargo, ese género o subgénero literario no ha alcanzado a consolidarse en colecciones, a excepción de "La sonrisa vertical" que desde 1973 ha publicado, en México, más de 100 títulos bajo el sello de Tusquets Editores. Otros intentos no lograron fructificar.
A últimas fechas, por ejemplo, Colofón lanzó en su sello Axial Fervor textual, colección que publicará, afirma el editor Ramón Cifuentes, obras clásicas y luego editará a narradores actuales en este tema.
A esa situación, se suma la falta de una tradición narrativa y de escritores que se niegan a ser catalogados como autores eróticos porque es incómodo.
Ruy Sánchez afirma al respecto: "Buena parte de los libros que circulan bajo ese subgénero están llenos de lugares comunes, torpezas humanas y complacencias narrativas, o simplemente no existe el interés renovado del público".
El también escritor Andrés de Luna señala: "Yo preferí que mis libros El secreto de las cosas y El invierno apenas comienza no entraran a "La sonrisa vertical" sino a la colección Andanzas porque quería presentarlos como literatura y no como literatura erótica".
La negativa de tener un sello catalogado como erótico es compartida por la editora Marisol Schulz, de Alfaguara, quien asegura que el erotismo está presente en toda la literatura. "Creo que la literatura tiene que cubrir todas las temáticas y todas las preocupaciones del ser humano y de la actualidad. En ese sentido no debemos meternos en temáticas y que se descarten otras cosas, así como no tenemos un apartado de violencia en México; el erotismo no requiere una colección independiente".
Sin embargo, Tusquets ha mantenido por tres décadas "La sonrisa Vertical". Para su editora Ana Estevan representa el interés por no defraudar a los lectores más exigentes y seguir aportando textos que cumplan tres requisitos: que sean de gran calidad, generen en el lector cierta perturbación e inquietud, y les provoquen sensaciones eróticas; en suma, que lleven al lector a leer los libros con una sola mano.
México se caracteriza por una literatura con demasiado erotismo episódico, pero no por un grupo de practicantes del subgénero. Para Ruy Sánchez es una característica de las sociedades altamente reprimidas como la inglesa victoriana del siglo XIX y principios del XX, o la sociedad española franquista.
"En México hay también represión de lo sexual, es cierto, pero la literatura se ha dado permiso de ser y decir muchas cosas que van más allá de lo que tolera la capa más conservadora de la sociedad. Fenómenos como el del secretario de Gobernación retrógrado Abascal censurando activamente a Carlos Fuentes es un capítulo significativo pero no mayoritario en los medios culturales. Recientemente los supermercados censuran las portadas de los libros si les parecen inmorales".
Para el escritor que ha desarrollado una narrativa sobre el deseo en libros como En los labios del agua y Los jardines secretos de Mogador, la censura la genera el aislamiento y la concentración de la literatura exploradora del sexo. "Si hubiera una clara tradición de narrativa erótica en México sería signo de que estaríamos más reprimidos y limitados en nuestras instituciones culturales".
De Luna asegura que la gente se interesa más por un erotismo visual, por las películas pornográficas o algún tipo de imágenes cercanas a eso, que por la narrativa que exige otro tipo de compromiso.
De eso saben los libreros, quienes aseguran que los lectores buscan literatura erótica porque el anaquel siempre luce desacomodado, pero que en realidad compran más libros de sexualidad, es decir de técnicas. Héctor Pons, de El Sótano, dice que es muy común que la gente en estas fechas compre libros como El Kamasutra, "eróticos en el sentido de imágenes, posiciones sexuales, esos se venden mucho más que la narrativa erótica, también hay un apertura en los últimos años de libros de educación sexual".
A Andrés de Luna lo que más le conmueve son las escenas eróticas, los personajes enfrentados a una situación casi límite y donde cualquier roce es de un erotismo extremo, es decir, la intermitencia del deseo.
Para Ruy Sánchez el nuevo reto de la narrativa erótica es atreverse a existir con la sensibilidad abierta sin que le importe ser descalificada por el machismo, el ridículo o la cursilería. Es "atreverse a romper la prohibición del dedo macho levantado al aire como el del maestro dogmático diciéndole al mundo hasta dónde sentir y que no puede atreverse a tratar de tocar los sueños de la amada piel adentro".
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/51518.html
Escritores del género señalan que esta corriente tiene exponentes clásicos pero pocos contemporáneos; novelas como la de Bataille forman parte de una literatura erótica que tiene exponentes clásicos y pocos narradores contemporáneos
Yanet Aguilar Sosa
El Universal
Miércoles 14 de febrero de 2007
Si el amor se huele, el erotismo se vibra. Tal como lo recrea Georges Bataille en Madame Edwarda cuando dice: "Temblaba; yo la miraba inmóvil; ella me sonreía tan dulcemente que me hacía estremecer. Al fin, me arrodillé; titubeando, puse mis labios sobre la llaga viva. Su muslo desnudo acariciaba mi oreja: me parecía escuchar un ruido de olas como el que se escucha en los caracoles marinos".
Novelas como la de Bataille forman parte de una literatura erótica que tiene exponentes clásicos y pocos narradores contemporáneos.
Con un lugar especial en las librerías, esta escritura se nutre de temas fundamentales como el deseo, que para el escritor Alberto Ruy Sánchez es el motor de la vida. "Es una dimensión central que atañe a la literatura en su investigación sobre la naturaleza de los humanos y cómo se relacionan, se piensan, se imaginan, se atraen o se repelen".
La novela erótica indaga en la seducción, las sensaciones a flor de piel, los divertimentos, el sexo, la inteligencia y la imaginación.
Sin embargo, ese género o subgénero literario no ha alcanzado a consolidarse en colecciones, a excepción de "La sonrisa vertical" que desde 1973 ha publicado, en México, más de 100 títulos bajo el sello de Tusquets Editores. Otros intentos no lograron fructificar.
A últimas fechas, por ejemplo, Colofón lanzó en su sello Axial Fervor textual, colección que publicará, afirma el editor Ramón Cifuentes, obras clásicas y luego editará a narradores actuales en este tema.
A esa situación, se suma la falta de una tradición narrativa y de escritores que se niegan a ser catalogados como autores eróticos porque es incómodo.
Ruy Sánchez afirma al respecto: "Buena parte de los libros que circulan bajo ese subgénero están llenos de lugares comunes, torpezas humanas y complacencias narrativas, o simplemente no existe el interés renovado del público".
El también escritor Andrés de Luna señala: "Yo preferí que mis libros El secreto de las cosas y El invierno apenas comienza no entraran a "La sonrisa vertical" sino a la colección Andanzas porque quería presentarlos como literatura y no como literatura erótica".
La negativa de tener un sello catalogado como erótico es compartida por la editora Marisol Schulz, de Alfaguara, quien asegura que el erotismo está presente en toda la literatura. "Creo que la literatura tiene que cubrir todas las temáticas y todas las preocupaciones del ser humano y de la actualidad. En ese sentido no debemos meternos en temáticas y que se descarten otras cosas, así como no tenemos un apartado de violencia en México; el erotismo no requiere una colección independiente".
Sin embargo, Tusquets ha mantenido por tres décadas "La sonrisa Vertical". Para su editora Ana Estevan representa el interés por no defraudar a los lectores más exigentes y seguir aportando textos que cumplan tres requisitos: que sean de gran calidad, generen en el lector cierta perturbación e inquietud, y les provoquen sensaciones eróticas; en suma, que lleven al lector a leer los libros con una sola mano.
México se caracteriza por una literatura con demasiado erotismo episódico, pero no por un grupo de practicantes del subgénero. Para Ruy Sánchez es una característica de las sociedades altamente reprimidas como la inglesa victoriana del siglo XIX y principios del XX, o la sociedad española franquista.
"En México hay también represión de lo sexual, es cierto, pero la literatura se ha dado permiso de ser y decir muchas cosas que van más allá de lo que tolera la capa más conservadora de la sociedad. Fenómenos como el del secretario de Gobernación retrógrado Abascal censurando activamente a Carlos Fuentes es un capítulo significativo pero no mayoritario en los medios culturales. Recientemente los supermercados censuran las portadas de los libros si les parecen inmorales".
Para el escritor que ha desarrollado una narrativa sobre el deseo en libros como En los labios del agua y Los jardines secretos de Mogador, la censura la genera el aislamiento y la concentración de la literatura exploradora del sexo. "Si hubiera una clara tradición de narrativa erótica en México sería signo de que estaríamos más reprimidos y limitados en nuestras instituciones culturales".
De Luna asegura que la gente se interesa más por un erotismo visual, por las películas pornográficas o algún tipo de imágenes cercanas a eso, que por la narrativa que exige otro tipo de compromiso.
De eso saben los libreros, quienes aseguran que los lectores buscan literatura erótica porque el anaquel siempre luce desacomodado, pero que en realidad compran más libros de sexualidad, es decir de técnicas. Héctor Pons, de El Sótano, dice que es muy común que la gente en estas fechas compre libros como El Kamasutra, "eróticos en el sentido de imágenes, posiciones sexuales, esos se venden mucho más que la narrativa erótica, también hay un apertura en los últimos años de libros de educación sexual".
A Andrés de Luna lo que más le conmueve son las escenas eróticas, los personajes enfrentados a una situación casi límite y donde cualquier roce es de un erotismo extremo, es decir, la intermitencia del deseo.
Para Ruy Sánchez el nuevo reto de la narrativa erótica es atreverse a existir con la sensibilidad abierta sin que le importe ser descalificada por el machismo, el ridículo o la cursilería. Es "atreverse a romper la prohibición del dedo macho levantado al aire como el del maestro dogmático diciéndole al mundo hasta dónde sentir y que no puede atreverse a tratar de tocar los sueños de la amada piel adentro".
http://www.eluniversal.com.mx/cultura/51518.html
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miércoles, 14 de febrero de 2007
La Construcción Del Crimen
La Construcción Del Crimen
El relato policial latinoamericano. La reciente edición de la antología El que la hace... ¿la paga? Cuentos policiacos latinoamericanos, ofrece una revisión del género policial en Latinoamérica durante el siglo XX. ¿Cómo miramos los crímenes en esta parte del mundo?, ¿cómo los convertimos en símbolos?
Por Jimena Ugaz*
Para introducirnos en el apasionante mundo de homicidas, testigos y pistas; a finales del año pasado apareció en Lima la colección de relatos El que la hace... ¿la paga? Cuentos policíacos latinoamericanos (Coedición Latinoamericana, 2006), con selección y prólogo de Vicente Francisco Torres. Esta antología agrupa a dieciséis escritores, de trece países latinoamericanos, y cuyos relatos fueron escritos a lo largo del siglo XX.
La colección incluye el relato Rota la ternura (Los Bigardos del Ron, 1929), del costarricense José Marín Cañas. El cuento es protagonizado por un campesino indígena encarcelado por matar al amante de su mujer. Impulsado por un fuerte deseo de reunirse con su hijo, a quien no ve desde hace años, el protagonista se escapa de prisión y emprende un largo y peligroso viaje. Sin embargo, la venganza póstuma del amante se impondrá en un final tan imprevisto para el campesino como para el lector de Marín Cañas.
Otro de los relatos que merece mención es El sueco (1955), escrito por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y protagonizado por un extranjero escandinavo que, sin razón aparente, pasa sus días en una prisión de Nicaragua. La fuerte crítica al gobierno de Somoza García-que se condice con la lucha de Cardenal por el Frente Sandinista-se enmascara bajo un superficial humor sardónico. El sueco, de manera adicional, sirve para echar una mirada paralela a la obra de otro escritor, Sergio Ramírez, un novelista empecinado también en la denuncia de la dinastía Somoza en Nicaragua.
Así mismo, en la colección de Torres aparece El juego del muerto (O jogo do morto. O cobrador, 1979), del brasileño Rubem Fonseca. En este relato, la violencia se extiende a todas las esferas de la sociedad: desde los escuadrones de la muerte, hasta una burguesía viciada y corrupta. Esta idea de la degradación del ser humano y la representación gráfica de la corrupción aparece también en otras novelas de Fonseca, como El caso Morel (O caso Morel, 1973) y Agosto (1990).
Los relatos de Cardenal y Fonseca son representativos del tipo de policial que predominó en los países latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX, un modelo concebido en respuesta a las dictaduras militares y la injusticia social padecidas por los países de esta parte del continente durante aquella época. Vale decir que algunos de los escritores contemporáneos que se han sumado a esta denuncia histórico política son los argentinos Soriano y Piglia, el mexicano Taibo II, el cubano Padura Fuentes, la brasileña Patrícia Melo, y los chilenos Ampuero y Díaz Eterovic.
Variaciones del misterio
Otro de los relatos notables de la colección de Torres es Lo mejor de Acerina (Los viejos asesinos, 1981), del mexicano Luis Arturo Ramos, y que recuerda un poco a la novela policial Últimos días de la víctima (1979), de José Pablo Feinmann. En el cuento de Ramos, el lector queda atrapado en una penetrante narración omnisciente por medio de la cual se progresa en dirección al crimen, al tiempo que se percibe la inminente desgracia. El resultado es un intenso suspenso, acrecentado por la escenificación de la trama en la atmósfera recluida del Salón Cumbayá, con la multitud, la vigorosa presencia de Acerina y la música que, en su precipitación, marca el clímax de la narración y del crimen.
Caso cerrado (Una noche, un sueño 1996), del peruano Carlos Garayar, es otra obra maestra del policial, no sólo por la perspicaz resolución del enigma en manos del inspector Sisniegas, sino por la efectiva escenificación de la violencia urbana: avaricia, traición y un cruento descuartizamiento. Estos elementos, sumados a la corrupción policial y el deslinde que hace Sisniegas del modelo impuesto por el detective clásico, acercan a Caso cerrado al thriller americano y a la novela negra.
En la consideración de los cuentos antologados por Torres, salta a la vista que éstos se resisten a la clasificación o alineación a un tipo específico dentro del género policial. Si bien cabe apuntar que el género abarca todos aquellos cuentos y novelas en los que el crimen y la investigación del crimen tienen una importancia capital, es necesario, para toda agrupación dentro del policial, recurrir a la tipología de Tzvetan Todorov (The Typology of Detective Fiction, 1966). En esta clasificación, Todorov reconoce dos subgéneros principales: 1) el whodunit (policial clásico o relato de enigma), creado por Edgard Allan Poe (protagonizado por Dupin) y continuado por Arthur Conan Doyle (y su legendario Sherlock Holmes); y 2) el thriller (policial duro o novela negra), cuyos escritores más sobresalientes fueron los norteamericanos Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Como indica Todorov en su ensayo, este segundo tipo nace a partir de un determinado contexto histórico, social y geográfico: los años de la prohibición, el crimen organizado y la depresión en los Estados Unidos.
Pero quizá la mayor contribución de Todorov al análisis del género fue el haber diferenciado el relato de enigma y la posterior novela negra basándose en el efecto que estas lecturas producían en su receptor: misterio en los relatos de Poe y Doyle, suspenso en las novelas de Hammett y Chandler. Mientras que el misterio del policial clásico estaba relacionado a la identidad del asesino, el suspenso de la novela negra resultaba del seguimiento de las actividades de un detective vulnerable.
Fantasías homicidas
Aunque los cuentos latinoamericanos aquí discutidos se acercan más a la segunda categoría identificada por Todorov, es necesario aclarar que la colección de Torres establece también lazos estrechos con la tradición del relato clásico. Los dos primeros cuentos en la colección son El vástago, de la argentina Silvina Ocampo, y Las señales, del argentino Pérez Zelaschi. Notablemente, estos dos mismos relatos aparecían en la primera antología significativa del género policial publicada en un país latinoamericano: Los mejores cuentos policiales (dos volúmenes, 1943), editada por Borges y Bioy Casares. En esta primera colección, Ocampo, Zelaschi y otros tres argentinos (Peyrou y los mismos editores) aparecen junto a escritores establecidos del relato clásico como Poe, Doyle, Chesterton y Christie.
La consideración de los relatos incluidos en la antología de Borges y Bioy Casares, por su parte, revela que varios de éstos diferían del modelo original del whodunit establecido por Poe en el siglo XIX. En 1928, el norteamericano S.S. Van Dine se ocupó de enumerar los requisitos esenciales para todo relato detectivesco, entre los que figuraban la presencia de un detective, de un criminal y de un cadáver, así como la exclusión de lo sobrenatural o fantástico a la hora de presentar la resolución del enigma.
Curiosamente-como sugieren Borges y Bioy Casares en el prólogo a su antología-y desde sus inicios, el género policial ha guardado una relación muy estrecha con la literatura fantástica. El género detectivesco se inaugura en 1841 con el cuento Murders in the Rue Morgue de Poe, que, en la década de los cuarenta, apareció asociado en varias colecciones con los cuentos policiales El misterio de Marie Roger (The Mystery of Marie Rogêt, 1842) y La carta robada (The Purloined Letter, 1844), pero también con otros relatos en los que el elemento de lo sobrenatural es central para la resolución del enigma-como The Fall of the House of Usher o The mask of the Red Death. Estos últimos relatos, como varios de los antologados por Borges y Bioy Casares en 1943, y por Torres el año pasado, carecen de la figura de un detective y de la pesquisa propia del género, y, sin embargo, el misterio es un elemento esencial en cada uno de ellos. Los cuentos de Poe, como los que escribe Borges un siglo después, se mueven en el límite entre lo policial y lo fantástico, y su objetivo es responder al cuestionamiento de Dupin en el cuento original de 1841: ¿Qué ha ocurrido aquí que nunca antes haya ocurrido?
La reciente publicación de la antología de Torres refuerza la importancia del género policial en la historia más amplia de la literatura latinoamericana, al mismo tiempo que refleja el proceso por medio del cual una determinada nación reescribe, de acuerdo a las necesidades dictaminadas por la historia y la cultura, su propio relato. La selección de Torres incluye tanto a los pioneros como a los innovadores, a amantes del clásico y de la novela dura, a partidarios del misterio y del suspenso. En su variedad, esta antología delinea la evolución de este género universal que, al igual como en el caso latinoamericano, se resiste a una rígida clasificación.
* Middlebury
http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionImpresa/html/2007-02-13/ImEcDominical0670210.html
El relato policial latinoamericano. La reciente edición de la antología El que la hace... ¿la paga? Cuentos policiacos latinoamericanos, ofrece una revisión del género policial en Latinoamérica durante el siglo XX. ¿Cómo miramos los crímenes en esta parte del mundo?, ¿cómo los convertimos en símbolos?
Por Jimena Ugaz*
Para introducirnos en el apasionante mundo de homicidas, testigos y pistas; a finales del año pasado apareció en Lima la colección de relatos El que la hace... ¿la paga? Cuentos policíacos latinoamericanos (Coedición Latinoamericana, 2006), con selección y prólogo de Vicente Francisco Torres. Esta antología agrupa a dieciséis escritores, de trece países latinoamericanos, y cuyos relatos fueron escritos a lo largo del siglo XX.
La colección incluye el relato Rota la ternura (Los Bigardos del Ron, 1929), del costarricense José Marín Cañas. El cuento es protagonizado por un campesino indígena encarcelado por matar al amante de su mujer. Impulsado por un fuerte deseo de reunirse con su hijo, a quien no ve desde hace años, el protagonista se escapa de prisión y emprende un largo y peligroso viaje. Sin embargo, la venganza póstuma del amante se impondrá en un final tan imprevisto para el campesino como para el lector de Marín Cañas.
Otro de los relatos que merece mención es El sueco (1955), escrito por el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal y protagonizado por un extranjero escandinavo que, sin razón aparente, pasa sus días en una prisión de Nicaragua. La fuerte crítica al gobierno de Somoza García-que se condice con la lucha de Cardenal por el Frente Sandinista-se enmascara bajo un superficial humor sardónico. El sueco, de manera adicional, sirve para echar una mirada paralela a la obra de otro escritor, Sergio Ramírez, un novelista empecinado también en la denuncia de la dinastía Somoza en Nicaragua.
Así mismo, en la colección de Torres aparece El juego del muerto (O jogo do morto. O cobrador, 1979), del brasileño Rubem Fonseca. En este relato, la violencia se extiende a todas las esferas de la sociedad: desde los escuadrones de la muerte, hasta una burguesía viciada y corrupta. Esta idea de la degradación del ser humano y la representación gráfica de la corrupción aparece también en otras novelas de Fonseca, como El caso Morel (O caso Morel, 1973) y Agosto (1990).
Los relatos de Cardenal y Fonseca son representativos del tipo de policial que predominó en los países latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX, un modelo concebido en respuesta a las dictaduras militares y la injusticia social padecidas por los países de esta parte del continente durante aquella época. Vale decir que algunos de los escritores contemporáneos que se han sumado a esta denuncia histórico política son los argentinos Soriano y Piglia, el mexicano Taibo II, el cubano Padura Fuentes, la brasileña Patrícia Melo, y los chilenos Ampuero y Díaz Eterovic.
Variaciones del misterio
Otro de los relatos notables de la colección de Torres es Lo mejor de Acerina (Los viejos asesinos, 1981), del mexicano Luis Arturo Ramos, y que recuerda un poco a la novela policial Últimos días de la víctima (1979), de José Pablo Feinmann. En el cuento de Ramos, el lector queda atrapado en una penetrante narración omnisciente por medio de la cual se progresa en dirección al crimen, al tiempo que se percibe la inminente desgracia. El resultado es un intenso suspenso, acrecentado por la escenificación de la trama en la atmósfera recluida del Salón Cumbayá, con la multitud, la vigorosa presencia de Acerina y la música que, en su precipitación, marca el clímax de la narración y del crimen.
Caso cerrado (Una noche, un sueño 1996), del peruano Carlos Garayar, es otra obra maestra del policial, no sólo por la perspicaz resolución del enigma en manos del inspector Sisniegas, sino por la efectiva escenificación de la violencia urbana: avaricia, traición y un cruento descuartizamiento. Estos elementos, sumados a la corrupción policial y el deslinde que hace Sisniegas del modelo impuesto por el detective clásico, acercan a Caso cerrado al thriller americano y a la novela negra.
En la consideración de los cuentos antologados por Torres, salta a la vista que éstos se resisten a la clasificación o alineación a un tipo específico dentro del género policial. Si bien cabe apuntar que el género abarca todos aquellos cuentos y novelas en los que el crimen y la investigación del crimen tienen una importancia capital, es necesario, para toda agrupación dentro del policial, recurrir a la tipología de Tzvetan Todorov (The Typology of Detective Fiction, 1966). En esta clasificación, Todorov reconoce dos subgéneros principales: 1) el whodunit (policial clásico o relato de enigma), creado por Edgard Allan Poe (protagonizado por Dupin) y continuado por Arthur Conan Doyle (y su legendario Sherlock Holmes); y 2) el thriller (policial duro o novela negra), cuyos escritores más sobresalientes fueron los norteamericanos Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Como indica Todorov en su ensayo, este segundo tipo nace a partir de un determinado contexto histórico, social y geográfico: los años de la prohibición, el crimen organizado y la depresión en los Estados Unidos.
Pero quizá la mayor contribución de Todorov al análisis del género fue el haber diferenciado el relato de enigma y la posterior novela negra basándose en el efecto que estas lecturas producían en su receptor: misterio en los relatos de Poe y Doyle, suspenso en las novelas de Hammett y Chandler. Mientras que el misterio del policial clásico estaba relacionado a la identidad del asesino, el suspenso de la novela negra resultaba del seguimiento de las actividades de un detective vulnerable.
Fantasías homicidas
Aunque los cuentos latinoamericanos aquí discutidos se acercan más a la segunda categoría identificada por Todorov, es necesario aclarar que la colección de Torres establece también lazos estrechos con la tradición del relato clásico. Los dos primeros cuentos en la colección son El vástago, de la argentina Silvina Ocampo, y Las señales, del argentino Pérez Zelaschi. Notablemente, estos dos mismos relatos aparecían en la primera antología significativa del género policial publicada en un país latinoamericano: Los mejores cuentos policiales (dos volúmenes, 1943), editada por Borges y Bioy Casares. En esta primera colección, Ocampo, Zelaschi y otros tres argentinos (Peyrou y los mismos editores) aparecen junto a escritores establecidos del relato clásico como Poe, Doyle, Chesterton y Christie.
La consideración de los relatos incluidos en la antología de Borges y Bioy Casares, por su parte, revela que varios de éstos diferían del modelo original del whodunit establecido por Poe en el siglo XIX. En 1928, el norteamericano S.S. Van Dine se ocupó de enumerar los requisitos esenciales para todo relato detectivesco, entre los que figuraban la presencia de un detective, de un criminal y de un cadáver, así como la exclusión de lo sobrenatural o fantástico a la hora de presentar la resolución del enigma.
Curiosamente-como sugieren Borges y Bioy Casares en el prólogo a su antología-y desde sus inicios, el género policial ha guardado una relación muy estrecha con la literatura fantástica. El género detectivesco se inaugura en 1841 con el cuento Murders in the Rue Morgue de Poe, que, en la década de los cuarenta, apareció asociado en varias colecciones con los cuentos policiales El misterio de Marie Roger (The Mystery of Marie Rogêt, 1842) y La carta robada (The Purloined Letter, 1844), pero también con otros relatos en los que el elemento de lo sobrenatural es central para la resolución del enigma-como The Fall of the House of Usher o The mask of the Red Death. Estos últimos relatos, como varios de los antologados por Borges y Bioy Casares en 1943, y por Torres el año pasado, carecen de la figura de un detective y de la pesquisa propia del género, y, sin embargo, el misterio es un elemento esencial en cada uno de ellos. Los cuentos de Poe, como los que escribe Borges un siglo después, se mueven en el límite entre lo policial y lo fantástico, y su objetivo es responder al cuestionamiento de Dupin en el cuento original de 1841: ¿Qué ha ocurrido aquí que nunca antes haya ocurrido?
La reciente publicación de la antología de Torres refuerza la importancia del género policial en la historia más amplia de la literatura latinoamericana, al mismo tiempo que refleja el proceso por medio del cual una determinada nación reescribe, de acuerdo a las necesidades dictaminadas por la historia y la cultura, su propio relato. La selección de Torres incluye tanto a los pioneros como a los innovadores, a amantes del clásico y de la novela dura, a partidarios del misterio y del suspenso. En su variedad, esta antología delinea la evolución de este género universal que, al igual como en el caso latinoamericano, se resiste a una rígida clasificación.
* Middlebury
http://www.elcomercioperu.com.pe/EdicionImpresa/html/2007-02-13/ImEcDominical0670210.html
Marianne Fredriksson
Marianne Fredriksson, escritora sueca
Actualizado martes 13/02/2007 13:36 (CET)
ESTOCOLMO.- La escritora sueca Marianne Fredriksson, autora de 'Las hijas de Hanna', traducido a más de 40 idiomas, murió a los 79 años en su casa de Österskär, según dio a conocer el 12 de febrero la prensa de su país.
La escritora dijo sentirse mal durante la comida del mediodía y murió poco después en su cama, probablemente a causa de un infarto.
El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, la recordó como una "escritora amada por una amplia comunidad de lectores, no sólo en Suecia".
Fredriksson, que era una exitosa periodista, se lanzó a la literatura a una edad tardía, pues comenzó a escribir libros a los 53 años. A nivel internacional se hizo famosa con 'Las hijas de Hanna'. En todo el mundo se publicaron 17 millones de copias de sus 15 novelas.
La crítica no fue nunca muy benévola con sus obras, que en su opinión pintaban una imagen convencionalmente positiva y romántica de las mujeres como "mejores personas, como ocurre en 'Las hijas de Hanna'", la historia de una abuela (Hanna), su hija Johanna y su nieta Anna entre 1871 y 1986.
En español también se publicaron 'Aves migratorias', 'La historia de Simón' y 'Querida hija'.
La prensa de Estocolmo indica que Fredriksson estaba trabajando en una nueva obra en la que quería abordar la historia de la creación desde un nuevo ángulo "místico-religioso", según su agente, Bengt Nordin. El 28 de marzo la escritora hubiera cumplido 80 años.
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/02/13/obituarios/1171370171.html
Actualizado martes 13/02/2007 13:36 (CET)
ESTOCOLMO.- La escritora sueca Marianne Fredriksson, autora de 'Las hijas de Hanna', traducido a más de 40 idiomas, murió a los 79 años en su casa de Österskär, según dio a conocer el 12 de febrero la prensa de su país.
La escritora dijo sentirse mal durante la comida del mediodía y murió poco después en su cama, probablemente a causa de un infarto.
El primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, la recordó como una "escritora amada por una amplia comunidad de lectores, no sólo en Suecia".
Fredriksson, que era una exitosa periodista, se lanzó a la literatura a una edad tardía, pues comenzó a escribir libros a los 53 años. A nivel internacional se hizo famosa con 'Las hijas de Hanna'. En todo el mundo se publicaron 17 millones de copias de sus 15 novelas.
La crítica no fue nunca muy benévola con sus obras, que en su opinión pintaban una imagen convencionalmente positiva y romántica de las mujeres como "mejores personas, como ocurre en 'Las hijas de Hanna'", la historia de una abuela (Hanna), su hija Johanna y su nieta Anna entre 1871 y 1986.
En español también se publicaron 'Aves migratorias', 'La historia de Simón' y 'Querida hija'.
La prensa de Estocolmo indica que Fredriksson estaba trabajando en una nueva obra en la que quería abordar la historia de la creación desde un nuevo ángulo "místico-religioso", según su agente, Bengt Nordin. El 28 de marzo la escritora hubiera cumplido 80 años.
http://www.elmundo.es/elmundo/2007/02/13/obituarios/1171370171.html
martes, 13 de febrero de 2007
Montano (Ensayo, ficción y autobiografía impresionante de fusión...)
Montano,
by Enrique Vila-Matas, trans, Jonathan Dunne
A literary looking-glass, impressively fusing essay, fiction and autobiography
By Jonathan Gibbs
Published: 08 February 2007
If you have ever wondered who is to blame for all the dross that gets published, here's the answer. It's all the fault of evil moles who live in huge galleries under a volcano on Pico Island, in the middle of the Atlantic, "tirelessly working away, day and night against the literary".
The ravings of a diseased mind, you might say, and you would not be alone. Three pages in, the narrator, the distinguished critic Rosario Girondo, admits: "I am literature-sick. If I carry on like this, literature could end up swallowing me, like a doll in a whirlpool."
The sick critic decides to cure himself by visiting his son, Montano, who has a different problem. After one precocious novel, about writers who give up writing, he finds himself totally blocked. The meeting is an oedipal calamity, and Rosario changes tack.
Rather than curing himself of literature, he decides it would be better for him to turn "into the complete memory of the history of literature... to embody it in my own modest person". So on to Pico, and the moles.
Then, 100 pages in, it stops. Rosario blithely informs us that he invented Montano in order to project on to him his own writer's block. He declares that the next step in his recuperation from literature sickness is to treat us to his autobiography, in the form of a dictionary of literary diarists. This is not talk to make the reader's heart soar. The folding-in of literature on to itself often leads to arid games. But Enrique Vila-Matas, the Spanish author skulking behind Rosario, is in no danger of that.
The names he co-opts into his curious memoir include Gide, Valéry, Borges and Kafka. Most pertinent, though, are mentions of W G Sebald and Claudio Magris, whose books have opened what Rosario calls "new ground in between essay, fiction and autobiography". It is this ground that Montano works, to impressive and delightful effect.
Vila-Matas is far less serious than Sebald or Magris, though he is thoughtful about how writers grow through parasitism on those who came before. But for all the erudition on display (and one of the great merits of Montano is the casual introductions it offers to dozens of European writers), we are never far from a novelistic flourish - a light touch carried through in Jonathan Dunne's fine translation. Will the moles prevail? Not with books like this around.
Traducción Altavista
Montano,
por Enrique Vila-Matas,
Traducción Mirar-cristal literario de Jonatán Dunne A,
Ensayo, ficción y autobiografía impresionante de fusión de Jonatán Gibbs
publicado: el 08 de febrero de 2007
Si usted se ha preguntado siempre quién debe culpar por toda la escoria que consigue publicada, aquí es la respuesta. Es toda la avería de los topos malvados que viven en galerías enormes debajo de un volcán en la isla de Pico, en el centro del Atlántico, "incansable trabajando lejos, del día y de la noche contra el literario".
Los ravings de una mente enferma, usted puede ser que diga, y usted no estaría solo. Tres páginas adentro, el narrador, el crítico distinguido Rosario Girondo, admiten: "soy literatura-enfermo. Si continúo como esto, la literatura podría terminar encima de tragarme, como una muñeca en un torbellino."
El crítico enfermo decide curarse visitando a su hijo, Montano, que tiene un diverso problema. Después de que una novela precocious, sobre los escritores que dan para arriba escribir, él se encuentre bloqueado totalmente. La reunión es una calamidad oedipal, y Rosario cambia la tachuela.
Más bien que curándose de la literatura, él decide que sería mejor que él dé vuelta "en la memoria completa de la historia de la literatura... para incorporarla a mi propia persona modesta". Tan encendido a Pico, y a los topos.
Entonces, 100 páginas adentro, para. Rosario blithely nos informa que él inventó Montano para proyectar encendido a él el bloque de su propio escritor. Él declara que el paso siguiente en su recuperación de la enfermedad de la literatura es tratarnos a su autobiografía, en la forma de un diccionario de diarists literarios. Ésta no es charla para hacer que el corazón del lector se eleva. Doblar-en de la literatura encendido a sí mismo conduce a menudo a los juegos áridos. Pero Enrique Vila-Matas, el autor español skulking detrás de Rosario, está en ningún peligro de eso.
Los nombres que él coopta en su memoria curiosa incluyen Gide, Valéry, Borges y Kafka. Las más pertinentes, aunque, son las menciones de W G Sebald y Claudio Magris, que libros se han abierto lo que llama Rosario "nueva tierra ensayo, ficción y autobiografía medios". Es esta tierra que los trabajos de Montano, al efecto impresionante y encantador.
Vila-Matas es menos serio lejano que Sebald o Magris, aunque él es pensativo sobre cómo los escritores crecen con parasitismo en los que vinieron antes. Pero para toda la erudición en la exhibición (y uno de los grandes méritos de Montano son las introducciones ocasionales que ofrece a las docenas de escritores europeos), estamos nunca lejos de un novelistic prosperamos - un tacto ligero llevados a través en la traducción fina de Jonatán Dunne. ¿Los topos prevalecerán? No con los libros tenga gusto de esto alrededor.
http://enjoyment.independent.co.uk/books/reviews/article2249189.ece
by Enrique Vila-Matas, trans, Jonathan Dunne
A literary looking-glass, impressively fusing essay, fiction and autobiography
By Jonathan Gibbs
Published: 08 February 2007
If you have ever wondered who is to blame for all the dross that gets published, here's the answer. It's all the fault of evil moles who live in huge galleries under a volcano on Pico Island, in the middle of the Atlantic, "tirelessly working away, day and night against the literary".
The ravings of a diseased mind, you might say, and you would not be alone. Three pages in, the narrator, the distinguished critic Rosario Girondo, admits: "I am literature-sick. If I carry on like this, literature could end up swallowing me, like a doll in a whirlpool."
The sick critic decides to cure himself by visiting his son, Montano, who has a different problem. After one precocious novel, about writers who give up writing, he finds himself totally blocked. The meeting is an oedipal calamity, and Rosario changes tack.
Rather than curing himself of literature, he decides it would be better for him to turn "into the complete memory of the history of literature... to embody it in my own modest person". So on to Pico, and the moles.
Then, 100 pages in, it stops. Rosario blithely informs us that he invented Montano in order to project on to him his own writer's block. He declares that the next step in his recuperation from literature sickness is to treat us to his autobiography, in the form of a dictionary of literary diarists. This is not talk to make the reader's heart soar. The folding-in of literature on to itself often leads to arid games. But Enrique Vila-Matas, the Spanish author skulking behind Rosario, is in no danger of that.
The names he co-opts into his curious memoir include Gide, Valéry, Borges and Kafka. Most pertinent, though, are mentions of W G Sebald and Claudio Magris, whose books have opened what Rosario calls "new ground in between essay, fiction and autobiography". It is this ground that Montano works, to impressive and delightful effect.
Vila-Matas is far less serious than Sebald or Magris, though he is thoughtful about how writers grow through parasitism on those who came before. But for all the erudition on display (and one of the great merits of Montano is the casual introductions it offers to dozens of European writers), we are never far from a novelistic flourish - a light touch carried through in Jonathan Dunne's fine translation. Will the moles prevail? Not with books like this around.
Traducción Altavista
Montano,
por Enrique Vila-Matas,
Traducción Mirar-cristal literario de Jonatán Dunne A,
Ensayo, ficción y autobiografía impresionante de fusión de Jonatán Gibbs
publicado: el 08 de febrero de 2007
Si usted se ha preguntado siempre quién debe culpar por toda la escoria que consigue publicada, aquí es la respuesta. Es toda la avería de los topos malvados que viven en galerías enormes debajo de un volcán en la isla de Pico, en el centro del Atlántico, "incansable trabajando lejos, del día y de la noche contra el literario".
Los ravings de una mente enferma, usted puede ser que diga, y usted no estaría solo. Tres páginas adentro, el narrador, el crítico distinguido Rosario Girondo, admiten: "soy literatura-enfermo. Si continúo como esto, la literatura podría terminar encima de tragarme, como una muñeca en un torbellino."
El crítico enfermo decide curarse visitando a su hijo, Montano, que tiene un diverso problema. Después de que una novela precocious, sobre los escritores que dan para arriba escribir, él se encuentre bloqueado totalmente. La reunión es una calamidad oedipal, y Rosario cambia la tachuela.
Más bien que curándose de la literatura, él decide que sería mejor que él dé vuelta "en la memoria completa de la historia de la literatura... para incorporarla a mi propia persona modesta". Tan encendido a Pico, y a los topos.
Entonces, 100 páginas adentro, para. Rosario blithely nos informa que él inventó Montano para proyectar encendido a él el bloque de su propio escritor. Él declara que el paso siguiente en su recuperación de la enfermedad de la literatura es tratarnos a su autobiografía, en la forma de un diccionario de diarists literarios. Ésta no es charla para hacer que el corazón del lector se eleva. Doblar-en de la literatura encendido a sí mismo conduce a menudo a los juegos áridos. Pero Enrique Vila-Matas, el autor español skulking detrás de Rosario, está en ningún peligro de eso.
Los nombres que él coopta en su memoria curiosa incluyen Gide, Valéry, Borges y Kafka. Las más pertinentes, aunque, son las menciones de W G Sebald y Claudio Magris, que libros se han abierto lo que llama Rosario "nueva tierra ensayo, ficción y autobiografía medios". Es esta tierra que los trabajos de Montano, al efecto impresionante y encantador.
Vila-Matas es menos serio lejano que Sebald o Magris, aunque él es pensativo sobre cómo los escritores crecen con parasitismo en los que vinieron antes. Pero para toda la erudición en la exhibición (y uno de los grandes méritos de Montano son las introducciones ocasionales que ofrece a las docenas de escritores europeos), estamos nunca lejos de un novelistic prosperamos - un tacto ligero llevados a través en la traducción fina de Jonatán Dunne. ¿Los topos prevalecerán? No con los libros tenga gusto de esto alrededor.
http://enjoyment.independent.co.uk/books/reviews/article2249189.ece
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